Una mirada al diseño del pasado en Zaragoza

Una mirada al diseño del pasado en Zaragoza

El Palacio de Sástago presenta, hasta el 1 de junio, Historias de la modernidad. Diseño y arte del siglo XX, una exposición formada a partir de los fondos de la galería Studiolire dirigida y gestionada por Pedro Reula y Teresa Puente. Organizada por la Diputación Provincial de Zaragoza, ha sido comisariada por el arquitecto Pedro Feduchi, uno de los máximos especialistas en historia del diseño español del siglo pasado.   TEXTO: Ricardo Centellas

Mobiliario de los años treinta en el patio del Palacio de Sástago. Fotografía: Javier Romeo. Cedida por la Diputación Provincial de Zaragoza.

La muestra recorre la historia moderna del diseño, de las artes aplicadas y del arte contada a partir de una selección de capítulos de la modernidad en España que abarcan desde 1920 hasta finales de la década de 1970. “Se articula en torno a varios temas que siempre estuvieron presentes en los asuntos y las controversias estéticas. Por ejemplo, la convivencia de tradición y modernidad, el liderazgo de los arquitectos en la introducción del diseño, la experimentación formal, geométrica y modular de los artistas, o la disyuntiva entre arte, artesanía e industria”, explica Pedro Feduchi.

Cinco grandes apartados, contados en una secuencia cronológica y temática, articulan el recorrido de la muestra que desde mañana y hasta el 1 de junio podrá verse en el Palacio de Sástago. “Tradición vs. Modernidad” cuenta los primeros intentos por actualizar la estética en los diferentes campos creativos. El título alude a esa dialéctica que definió en buena parte la conciencia de una modernidad española, que no quiso obviar las aportaciones de la tradición, pero tampoco renunciar a los avances.

Reula y Feduchi han seleccionado algunos hitos del diseño de los años veinte y treinta del siglo pasado. Comenzando con la exquisita cómoda/mueble-bar art déco de taracea de Ramon Rigol, se pasa a la incipiente modernidad de la butaca diseñada por Luis M. Feduchi en 1933 para el edificio Carrión de Madrid –más conocido como Capitol–, y finaliza con la versión de un sillón popular del GATCPAC que amuebló el pabellón de España de la Exposición Internacional de París de 1937.

Todo ello acompañado de varias obras de arte que, según el director de la galería Studiolire, “contextualizan los intereses de los creadores de nuestra modernidad, como la escultura de una bailarina de Eleuterio Blasco Ferrer o un lienzo del arquitecto Luis Moya sobre la caída de Troya”.

El siguiente apartado, “La fealdad se vende mal”, salta el muro de la Guerra Civil para mostrar los esfuerzos de los arquitectos más inquietos por recuperar la inercia de modernización que la guerra cortó de raíz.

Así, según Feduchi, “se pone el foco en la polaridad Madrid-Barcelona, contraponiendo la Sociedad de Estudios para Diseño Industrial (SEDI) fundada por Luis M. Feduchi, Carlos de Miguel y Javier Carvajal, con otros capítulos señeros de la arquitectura y el diseño de los años cincuenta, como el mobiliario creado por Barba Corsini para los apartamentos de la Pedrera en Barcelona, o los proyectos de vivienda social de Fernando Ramón Moliner a la versión mediterránea del diseño de José Antonio Coderch y Federico Correa. Junto a estos muebles se presentan también obras de Luis Feito, José Caballero, Elena Santonja, José Luis Sánchez o José María de Labra”.

En “Forma y espacio” son los artistas –frente a los arquitectos– quienes entendieron la importancia de la nueva disciplina del diseño industrial. Los más interesados en el tema del espacio habitable fueron los autores geométricos o analíticos como Equipo 57, Néstor Basterretxea y Andreu Alfaro.

La sección titulada “Modular” incide en la integración de las artes y en el uso de la informática para generar nuevas formas que cruzan las fronteras de las disciplinas artísticas. Esta es precisamente una de las máximas que siguen las piezas de los arquitectos Rafael Leoz y la pareja formada por Josep Maria Fargas y Enric Tous; las lámparas creadas a partir de la experimentación geométrica de Miguel de Oriol y Antonio Carrillo, o la aplicación de los módulos en las obras de José Luis Gómez Perales.

Luis Moya. La caída de Troya. Hacia 1927.
Aleix Hinsberger. Alegoría del progreso. Hacia 1930.

La exposición se cierra con un diálogo entre conceptos que definieron las aportaciones a las artes aplicadas del siglo, entre la manualidad de la creación de autor y la necesaria industrialización de los objetos modernos para su difusión masiva.

Aquí encontramos las exquisitas lacas art déco de Ramon Sarsanedas y Enriqueta Pascual Benigani, la forja expresionista de Juan José, el clasicismo de los noucentistas y la modernidad de las creaciones expuestas en el pabellón español de la Feria Mundial de Nueva York de 1964.

Pedro Reula apunta: “Hemos querido que todas las disciplinas formen un conjunto y reflejen en lo posible la complejidad de la modernidad, mostrando las artes aplicadas y las artes plásticas, articuladas y conducidas por el diseño industrial y por el mobiliario”.

Sin duda, Historias de la modernidad. Diseño y arte del siglo XX se trata de una ocasión única de contemplar, en el Palacio de Sástago de Zaragoza, de una manera diferente la modernidad artística del siglo XX en España.

Relieves y banqueta de Néstor Basterretxea junto a Silla Erlo del Equipo 57.