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Un tejido nazarí bajo las enaguas de la Virgen de Pajares de Peñafiel


La conservadora del Museo de la Alhambra de Granada Purificación Marinetto Sánchez escribe sobre el fascinante descubrimiento de la tela hispanomusulmana encontrada bajo el manto de la Virgen de Pajares de Peñafiel (Valladolid). El tejido fue localizado en 2002, gracias a la restauración del retablo mayor de la iglesia que conserva dicha talla y este verano se ha expuesto por vez primera Tesoros. Peñafiel, cuna de un príncipe en el Museo Comarcal de Arte Sacro.

TEXTO: Purificación Marinetto Sánchez


Desde el principio del periodo hispanomusulmán, una de las industrias con más calidad técnica y decorativa fue la fabricación de tejidos. A lo largo de todos los periodos, su riqueza y belleza les convirtió en materiales admirados y apreciados, objetos de regalos protocolarios y solicitados fuera de las fronteras hispanomusulmanas, lo que ha favorecido su conservación y reutilización a lo largo del tiempo.

Estos ricos tejidos, incluso manteniendo un tipo de vestuario a la moda musulmana –“a la morisca”, como se llamaban–, eran usados para las grandes ceremonias y con ellos se enterraban a altos dignatarios. Además sus restos se usaban una y otra vez para forrar cajas, relicarios y, en muchos casos, formaban parte de piezas del culto cristiano.

La belleza de estas telas se imponía al poder presentar epigrafía en árabe, cúfica o cursiva, con alusiones al sultán bajo el cual era fabricada, como en el caso del tejido de la Virgen de Pajares, que se expone por primera vez en la muestra Tesoros. Peñafiel, cuna de un príncipe (Museo Comarcal de Arte Sacro, hasta el 30 de septiembre), organizada en el marco de los actos conmemorativos del VI Centenario del nacimiento del Príncipe de Viana, Carlos de Navarra y Aragón (1421-2021). En realidad, la tela fue localizada en 2002 durante el proceso de restauración del retablo mayor de la iglesia de Santa María de Peñafiel (Valladolid), debajo de las enaguas de la Virgen de Pajares, una imagen de vestir que aún conserva sobrepuestos un verdugado del siglo XVII y dos vestidos del siglo XVIII.

La talla procede de la ermita de Santa María de Pajares, un despoblado situado extramuros de la villa de Peñafiel, que actualmente no se conserva en pie, pero de cuya existencia hay constancia al menos desde 1486, año en el que el II conde de Ureña, Juan Téllez Girón, solicitó y consiguió la expedición de una bula papal de Inocencio VIII con la concesión del patronato de la capilla [Archivo Histórico de la Nobleza (Toledo), Sección Osuna, C. 97, D. 31-33].

No existe constancia de la fecha de encargo de la escultura, presumiblemente realizada en el siglo XVII, aunque sí hay numerosos testimonios de la devoción que se le profesaba a través de donaciones o romerías.

La tela nazarí fue localizada en 2002 durante el proceso de restauración del retablo mayor de la iglesia de Santa María de Peñafiel, debajo de las enaguas de la Virgen de Pajares. Está en buen estado de conservación y ahora se exhibe por vez primera

Permaneció en su ermita hasta principios del XX, momento en el que el estado ruinoso de la fábrica obligó a su traslado a la iglesia de Santa María, donde ocupó un pequeño altar de la nave del evangelio para pasar a presidir su retablo mayor en 1998 (al convertirse en Museo Comarcal de Arte Sacro).

Al analizar esta seda de claro origen nazarí, se observa que fue uno de los ejemplos de piezas adoptadas para protegerse de los rigores del invierno. Se conocen tejidos con rico decorado de seda unidas a pieles con pelo y también enguatados de lana protegidos entre tejidos lisos en azul o rojo, así como una seda decorada unida a esta base, en la parte vista exterior. Esta última solución es la que aparece en el tejido de la Virgen de Pajares, una tela de seda de rico decorado en bandas horizontales que se une a la base enguatada con cocidos paralelos que hacen vibrar la decoración del tejido de seda. Posiblemente formaba parte de una manta de abrigo, como tantos tejidos nazaríes usados entre el ajuar castellano y posteriormente adaptados a las diferentes piezas del vestuario de la Virgen. En este caso, no fue reutilizado por su belleza sino por sus características técnicas (su enguatado permitía dar cuerpo al ropaje de la Virgen).

El tejido exterior es de seda en colores rojo, amarillo, blanco y negro. Su decoración tiene una disposición de bandas paralelas en las que destacan dos más anchas –una epigráfica y otra vegetal– y entre ellas dos más estrechas (una de lazo y otra vegetal). Todas se encuentran separadas por líneas en blanco, negro y amarillo.

Este tipo de piezas son conocidas e identificadas por la banda epigráfica que en letra cursiva repite en elegante estilo tulut, sobre fondo negro, caracteres en blanco perfilados en rojo y motivos que simulan formas vegetales. La inscripción dice “Gloria a nuestro señor el sultán/ʽizz li-mawlā-nā al-sulṭān” sin identificar ningún nombre en concreto. Como relleno de fondo a la banda epigráfica, hay una decoración vegetal de un tallo rojo con movimiento serpenteante de donde nacen hojas y flores en rojo y amarillo.

La siguiente cenefa ancha muestra, sobre un fondo rojo, un tema vegetal de palmas. El esquema se repite. El motivo central es una estrella de ocho de 90º amarilla con el centro rojo y enmarcada en negro, con desarrollo longitudinal de unas palmetas en negro con perfil en blanco y temas menores sobre fondo negro. Separando este motivo del siguiente, aparecen florecillas de cinco pétalos amarillas.

La representación de esta solución vegetal se encuentra de forma similar en las yeserías talladas en el palacio del Riyāḍ (Leones) de la Alhambra, en las albanegas de los arcos que abren a la sala de los mocárabes y también, entre otros lugares contemporáneos, en la Fachada de Comares de época del sultán Muḥammad V. Ese es el momento en el que la decoración inició un proceso de evolución naturalista en los motivos vegetales, que continuaría con su nieto Yūsuf III, y en el que se fecha la actividad del taller de esta serie de tejidos epigráficos. Algo que podemos deducir gracias a otras piezas conservadas que sí aclaran el nombre del sultán, como el fragmento de tejido conservado en el Instituto Valencia de don Juan, al igual que un azulejo del mismo centro en el que aparece la cartela: ʽizz li-mawlā-nā al-sulṭān Abū-l-Ḥaŷŷāŷ al-Nāṣir li-Dīn Allāh intahà [Gloria para nuestro señor el sultán Abū-l-Ḥaŷŷāŷ al-Nāṣir li-Dīn Allāh]. Este laqab o sobrenombre honorífico de Yūsuf III (1408-1417) se repite en otras piezas, como ya apuntó el profesor Antonio Fernández Puertas [Fernández Puertas, Antonio, Alhambra. Muhammad V. El mawlid de 764/1362, Granada, ed. Almed, 2017].

Los tejidos de esta serie conocidos como “Gloria a nuestro señor el sultán”, presentan una epigrafía muy similar, con pequeñas variantes en la letra, pero con un fondo vegetal diferente. La cenefa sigue tres soluciones que se repiten en otros tejidos de dicho conjunto, de modo que el tema del tejido de la Virgen de Pajares es similar a otro fragmento conservado en el Museo Episcopal de Vic, procedente de la iglesia parroquial de Sant Ponç de Corbera (Barcelona), según la información proporcionada por Macari Golgerichs en el catálogo del museo. Otra variante de esta serie aparece en la capa pluvial del Museo Catedralicio de Burgos y, con alguna diferencia pero muy similar al anterior, se conserva el tejido de la casulla de Santa Eufemia de Antequera.

Separan estas cenefas otras más estrechas: una sobre fondo negro de lazo rojo, muy irregular de traza; y otra vegetal, como relleno a una traza hexagonal de línea blanca sobre fondo negro. El relleno vegetal alterna los motivos centrales completos en rojo y los de los extremos en blanco.

Como hemos dicho anteriormente, esta pieza de tejido nazarí posiblemente perteneció a una manta que sirvió para recortar el patrón necesario como traje de la Virgen. Sería la única pieza –entre los ejemplos indicados de esta serie– que tiene la solución enguatada. No es usual la conservación de tejidos de este tamaño (71 x 70 cm), pues resulta más común la presencia de pequeños fragmentos usados como piezas litúrgicas visibles que, al estar fabricadas en delicada seda, hacen que la conservación sea muy deficiente.

Curiosamente, el estado de la obra que aquí analizamos es muy bueno, favorecido al haber estado oculta la pieza y protegida de la luz por el tejido exterior del traje de la Virgen. Su descubrimiento y exposición pública nos enseña una pieza que, por su tamaño y conservación, resulta de enorme interés.

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