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 Un renovado Murillo vuelve a Sevilla

El Museo de Bellas Artes de la capital andaluza celebra el IV centenario del nacimiento del pintor con una exposición antológica que muestra al genio más allá de sus Inmaculadas


El año Murillo toca a su fin. Tras varias exposiciones que han abordado la obra del pintor desde diferentes prismas, ahora el Museo de Bellas Artes de Sevilla pone el broche de oro. Lo hace con una exposición antológica que se equipara, por su importancia, a las celebradas entre 1982 y 1983 en el Museo del Prado y la Royal Academy de Londres. Compuesta por 55 pinturas procedentes de instituciones públicas y colecciones españolas y extranjeras, está comisariada porValme Muñoz Rubio e Ignacio Cano Rivero, directora y conservador del museo respectivamente.

Como bien señala Karin Hellwig en el artículo que dedica a la muestra en Ars Magazine 41 (ver aquí), “el hecho de que las pinturas de Murillo se encuentren dispersas en colecciones por todo el mundo refleja la fortuna crítica del artista, cuya fama sobrepasó las fronteras de nuestro país”. Desde finales del mismo siglo XVII salieron de España numerosas obras con destino a Inglaterra y los Países Bajos. Algunas de ellas regresan ahora por primera vez a la ciudad que las vio nacer. Un siglo más tarde, los reyes españoles Felipe V e Isabel de Farnesio se entusiasmaron con sus composiciones durante el conocido como lustro real (1729-1733), el periodo de tiempo en el que ambos residieron en la ciudad del Guadalquivir. Gracias a su interés, las colecciones reales se nutrieron de murillos, joyas que hoy forman parte de las colecciones del Museo del Prado. Tal era el éxito de las pinturas de Murillo en el extranjero, que en 1779 Carlos III prohibió su exportación. Los sucesos acaecidos durante la Guerra de la Independencia, por desgracia, desbaratarían los planes del monarca, pero a consecuencia de ese expolio el gusto por sus lienzos se renovó con fuerza en Europa.

Hoy, buena parte de su producción se halla fuera de nuestras fronteras y sigue despertando gran interés esa espiritualidad que rezuma de sus cuadros religiosos y que se complementa con lo terrenal de sus composiciones de género. Es precisamente este es el hilo conductor de la exposición, que guía al espectador desde lo espiritual a lo terrenal a través de las ocho secciones en las que se descubre a un Murillo que fue mucho más que un pintor de Inmaculadas, aunque desde luego estas no se excluyen de la muestra. Arranca con la pintura devocional, tratando temas de la vida de Cristo y de la Virgen que se complementan con cuadros devocionales de santos. Tras ello vienen las pinturas de género y los retratos, cerrando un círculo en el que se muestra al artista en toda su variedad temática y en lo que supuso de innovación iconográfica.

Murillo IV Centenario, permanecerá abierta hasta el próximo 17 de marzo de 2019. Ha sido organizada por la Junta de Andalucía y su diseño ha corrido a cargo del arquitecto Francisco Bocanegra. Es una oportunidad única para contemplar cuadros tan singulares como el Niño campesino apoyando en un alfeizar de la National Gallery de Londres, el Grupo familiar en un zaguán del Kimbell Art Museum –cuadro que por cierto siempre ha estado rodeado de connotaciones relativas a la prostitución– o los retratos de don Andrés de Andrade y de la Cal del Metropolitan Museum o el del Marqués de Legarda de colección particular.  Pero también de obras religiosas como la Virgen con el Niño de la romana Galleria Corsini, nunca antes visto en nuestro país. Todo un reclamo para los sentidos y para conocer mejor y apreciar como merece a uno de nuestros más insignes pintores de todos los tiempos.

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