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Sorolla y la mujer de fin de siglo

Una treintena de pinturas del autor valenciano se exhiben en el museo que lleva su nombre y ofrecen un recorrido que propone fijar la mirada en el universo femenino: desde pescadoras, trabajadoras o campesinas hasta señoras elegantes y figuras mitológicas.


Apasionado de la luz, las playas y su tierra mediterránea, Joaquín Sorolla pintó con devoción decenas de escenas a orillas del mar. Madres con sus hijos jugando en la arena, mujeres esperando la llegada de sus maridos que salieron a faenar, pescadoras descargando las cajas de los barcos… Sorolla. Femenino plural fija su mirada precisamente en estos personajes y otros semejantes que ilustran cómo fue la mujer de finales del siglo XIX y principios del XX.

Aunque el artista fue hombre de ideas liberales y mantuvo estrechas relaciones con la Institución Libre de Enseñanza –promotora de la instrucción femenina–, lo cierto es que nunca fue militante. Sin embargo, su obra sí que recoge muchos de los estereotipos femeninos de la época, que por aquellos años estaba inmersa en la lucha por los derechos de la mujer. Sorolla vio cómo estas accedían a la universidad –algo que les estuvo vetado hasta 1910–, si bien no llegó a vivir tanto como para verlas votar (derecho que adquirieron en 1931, ocho años después de morir el pintor).

La exposición que ahora puede verse en el Museo Sorolla de Madrid y que está coproducida por la Fundación Bancaja, pone de relieve la presencia constante de la figura femenina en la producción del pintor, que inmortalizó con sus pinceles a decenas de mujeres sin más pretensión que la de reflejar la fiel realidad: niñas, jóvenes, madres o ancianas; trabajadoras o aristocráticas; desnudas o con fastuosos vestidos. Mujeres de toda edad y condición social.

Lorena Delgado Bellón y Consuelo Luca de Tena, comisarias de la muestra, proponen un recorrido temático por 36 obras del pintor procedentes tanto de los fondos propios del museo madrileño como de instituciones públicas y privadas. Entre ellas, destacan el Prado, la Diputación de Valencia, Universidad Complutense o el BBVA.

El primer apartado presenta una de las facetas más desconocidas de Sorolla y es la pintura mitológica, género que practicó en su juventud. Quizá el mejor ejemplo sea Mesalina en brazos de un gladiador (1886), obra que remite a la Roma clásica y la pincelada de Fortuny, donde el valenciano se recrea con los cuerpos desnudos de esa mujer pintada como si fuese una bacante y su amante vencedor. A estas escenas inspiradas en la Antigüedad se suma también alguna composición que representa a la modelo en el taller del artista, otro asunto típico de aquel momento.

Una segunda sección presenta los cuadros de temática campesina. La aparición de estas mujeres del campo marca un punto de inflexión en la obra de Sorolla, que inicia una etapa de pintura costumbrista desde su retiro en Asís (1888). Allí busca en solitario un estilo propio y se deja seducir por el naturalismo que emanan las gentes humildes como la Campesina italiana que retrata en 1890.

Años más tarde, esa pintura costumbrista derivará hacia un realismo más social, con obras como Trata de blancas y otras escenas que muestran a la mujer en el ámbito doméstico: siempre laboriosa y buena madre.

En el tercer apartado emergen las figuras más populares de su producción: las pescadoras valencianas. Aquí se incluyen algunas de sus composiciones más típicas, esas que remiten a la dura vida del mar, pero también a la explosión de tonos blancos y sus infinitos reflejos.

El recorrido acaba con las mujeres elegantes y modernas que formaron parte de la clientela de Sorolla. Por un lado, actrices y cupletistas como María Guerrero o Raquel Mayer, únicas afortunadas en disponer de cierta independencia; y por otro lado, burguesas y aristócratas de la alta sociedad, donde el pintor se esmera en mostrar la riqueza de los vestidos y las joyas.

Sorolla, femenino plural podrá verse en el Museo Sorolla de Madrid hasta el 10 de enero de 2021. Después, viajará a Valencia para exponerse a partir de febrero en la Fundación Bancaja.  Sol G. Moreno

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