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SERENIDAD Y CALMA EN LA OBRA DE MATOYA MARTÍNEZ-ECHEVARRÍA

Matoya Martínez-Echevarría  es una artista entusiasta, cercana con sus clientes, económica y con una vocación desbordante descubierta a raíz de una fuerte experiencia vital. Ser madre y empezar un hobby la convirtió en una pintora con un reconocimiento que sube como la espuma. Dialogamos sobre su nueva trayectoria profesional.

¿Cuáles fueron sus primeros pasos como artista?

Yo estudié Derecho, pero siempre supe que no me quería dedicar a ello. Empecé trabajando como periodista. Mi inquietud por la estética y lo manual empezó a manifestarse cuando cambié mi negocio por una empresa de moda, con ella desarrollaba mi creatividad. Pero mi vida dio un cambio radical con el nacimiento de mi última hija, Victoria; ambas estuvimos al borde de la muerte. Este acontecimiento traumático supuso un punto de inflexión en mi vida. Cerré mi empresa y dediqué mi vida a Victoria y a algo que siempre me había gustado: pintar. Dejar toda mi carrera profesional por mi hija y por este nuevo hobby fue una decisión de mucho peso, pero estaba muy segura de ello. Entonces pinté mi primer cuadro, una playa, quería que reflejase este cambio de vida y un sentimiento interior de serenidad y calma. No quise formarme técnicamente ni copiar a ningún artista, simplemente hice lo que salió de mí; fue una expresión de lo que llevaba dentro, ni siquiera me preocupé de que gustase el resultado.

Entonces, ¿es usted completamente autodidacta?

Nunca he querido copiar a los maestros ni inspirarme en ningún estilo. Mis pinturas son muy personales. Aunque sí he buscado formación. Por ejemplo he asistido y asisto a los talleres del Prado, pero me cuesta seguir sus pautas, tengo un espíritu artístico muy libre. Sé que necesito mejorar la técnica, pero copiar a los clásicos es algo que no me dice nad, ni me inspira. Además, lo realista y lo figurativo me agota, a mí me gusta interpretar la realidad. No abandono lo figurativo del todo pero lo reinterpreto. Mi inspiración es la naturaleza.

¿También sigue sus propias técnicas?

Sí, de hecho, casi nunca uso el pincel. Creo mis propios instrumentos para aplicar la pintura. Por ejemplo, uso espátula o cartones. Además casi nunca hago dibujos preparatorios. En mis composiciones le doy el protagonismo máximo al color y siempre trabajo sobre tabla y a lo grande.

¿Cómo empezaron a conocerse sus cuadros?

Al principio fueron regalos a todos  aquellos que me habían apoyado en mis momentos difíciles, y muchas donaciones para organizaciones benéficas relacionadas con la lucha contra diversas enfermedades. El empezar a vender no entraba en mis planes, pero de pronto la gente empezó a interesarse y a pedirme precios. Yo no tenía ni idea de cómo se vendían, me informé sobre precios en una casa de subastas y me parecieron muy altos, por tanto puse precios más asequibles a mis cuadros, al menos con un 50% menos de lo que sería su precio en el mercado. Empecé en 2009, en plena crisis, necesitaba precios razonables.

¿Y no ha subido los precios ahora?

Ni un poquito. Porque a mí no me interesa ganar mucho por cada pintura, sino que estas lleguen a muchos lugares. Además por menos dinero las compras se multiplican, puedo decir que vendo mucho [se atreve a decir, tímidamente].

¿Tiene presencia internacional?

Sí, tengo cuadros en Japón, Nueva York, Luxemburgo, Perú, México…

¿Qué exposiciones ha organizado en Madrid?

Desde 2010 he hecho una exposición al año como mínimo. Tanto individuales como colectivas. Destacaría la de UBS en octubre de 2014, la que hice en el Colegio de Ingenieros en 2011 y también en el Círculos de Bellas Artes en 2013. Ahora estoy pendiente de una exposición en el Espacio de Arte y Cultura de Las Ventas.

¿Ha vendido mucho a través de estas exposiciones?

No me gusta decirlo [risas], pero sí, casi siempre lo vendo todo.

¿Y en el ámbito internacional?, ¿No le interesaría participar en alguna feria?

Próximamente expondré en Londres, en una galería. Será dentro de año y medio aproximadamente. Y sobre las ferias, es algo que no me interesa en absoluto, no abarco tanto y tampoco veo la necesidad.

¿Cuál considera su cuadro estrella?

Indudablemente, el Come and see. Es una obra que se sale de mi estilo tradicional, pero expresa un sentimiento interior muy fuerte. Como ves, es un fondo claro con tres trazos azules. Representa el sari de las Misioneras de la Caridad. Es un cuadro que a mí me sigue emocionando y nunca lo vendería.

¿Qué ha supuesto para usted el descubrir su verdadera vocación profesional?

Cuando uno encuentra su vocación, halla también su felicidad. Yo me despierto feliz todos los días. Ana Robledano Soldevilla@Arobledano

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