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Romero de Torres en la Fundación Bancaja


Tras la reciente retrospectiva dedicada a Soledad Sevilla, la Fundación Bancaja presentó ayer la primera muestra monográfica en Valencia dedicada a Julio Romero de Torres (Córdoba. 1874-1930), una figura relevante del arte español desde finales del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX. Julio Romero de Torres. Social, modernista y sofisticado, que cuenta con la colaboración de Bankia, reúne 55 obras de gran formato, seleccionadas por el comisario Francisco Javier Pérez Rojas, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Valencia y director de la Cátedra Pinazo.

Para hacer posible esta ambiciosa muestra, que se une en el tiempo a la organizada por la Fundación Ibercaja en Zaragoza y que estará abierta hasta septiembre, se ha contado con los préstamos de una decena de colecciones públicas como las del Congreso de los Diputados, la Junta de Andalucía, los museos de Bellas Artes de Córdoba, Castellón, Oviedo, el Reina Sofía, el Carmen Thyssen de Málaga o las fundaciones Santander, Prasa, Paco Peregrín o la Colección Masaveu, además de varios coleccionistas privados.

El diseño de montaje propuesto por la organización y el comisario sigue un criterio cronológico y a la vez conceptual, que abarca más de tres décadas de su quehacer como pintor, de 1895 a 1929. En las obras expuestas se subraya su extremada habilidad para un género como el retrato, que revelan sus dotes como observador y escrutador del alma humana, al saber captar las tensiones psicológicas que afectan al ser humano, sin dejar la cuestión social en la que convive. Durante mucho tiempo se le ha considerado un pintor que captaba el tópico andaluz, y aunque hay escenas costumbristas, muchas de sus composiciones representan un testimonio preciso del cambio de siglo y de los primeros años del siglo XX.

En la visita por las estancias de la exposición podemos ir descubriendo la evolución de este pintor cordobés, desde un primer acercamiento al posromanticismo hasta su período modernista de los seis primeros años del siglo pasado y una tercera fase, que abarca desde 1907 hasta 1930, año de su fallecimiento, donde se impone esa forma personal de entender el arte que excedía el regionalismo en boga y que muchas veces se ha enlazado con su obra.

En ese período de pintura social hay óleos tan significativos como Mal de amores, Vividoras del amor y A la amiga, que recogen esa sensibilidad hacia el mundo femenino que cultivó Romero de Torres.  El pintor cordobés viajó por Francia, Bélgica, Holanda e Italia, entre otros, y eso le mantuvo al día de lo que se gestaba plásticamente en Europa y ese aire modernista Art Nouveau que incorporó a su acervo como artista, muy visible en sus cuadros e ilustraciones.

En la presentación estuvieron presentes el presidente de la Fundación Bancaja, Rafael Alcón, el director corporativo de la Territorial de Bankia en Valencia y Castellón, Jaime Casas. El comisario de la exhibición resaltó la etapa modernista del artista cordobés y su conexión con algunos pintores valencianos de su época, junto a la representación del universo femenino, eje central de su trayectoria, desde la ‘mujer caída’ de los bajos fondos que terminó siendo para él una musa que inspiraba sus composiciones. Y apuntó por último dos ideas: la primera que Julio Romero de Torres se autorretrató en lo que hacía pero no cultivo el autorretrato personal; y la segunda al afirmar que «si hay dos pintores que son míticos del fin de siglo son Sorolla y Julio Romero de Torres, ambos en su ámbito local».

Aunque con la perspectiva que nos ofrece contemplar sus obras un siglo después, durante esos años le acompañaron algunos escándalos y se le tildó de provocador por composiciones como la antes citada, Vividoras del amor, que junto a El sátiro, de Antonio Fillol, también presente en la muestra de Bancaja, fueron retiradas de la Exposición Nacional de 1906 por ser calificadas de inmorales. Y que, sin embargo, hoy se consideran dos piezas vanguardistas en ese contexto en las que late la fuerza de lo social en la plástica española.

En los últimos años de su producción, calificada como regionalista, pero con esos toques Art Decó, Romero de Torres desacraliza lo sagrado y sacraliza lo profano a través de la copla, esa música y baile popular-para él posaron Pastora Imperio, La Argentina, La Niña de los Peines, entre otras figuras- sin la que resulta difícil explicar el peso que tenían para él la cuestión social y la violencia de género que eso conllevaba , dos preocupaciones siempre latentes en su obra.

El pintor cordobés fue un creador complejo, rupturista y tradicional a la vez, pero que supo reinterpretar en clave simbolista de un estilo que recuerda al gran Rafael, uno de los pintores a los que admiró. Hay en muchas de sus pinturas un Ars poética, misterioso, sensual, casi siempre tenebrista que suscitó la admiración de una parte de la intelectualidad de su época, por ese tono elegante y refinado.

Junto a las obras pictóricas se han colgado una selección de fotografías que ahondan en su faceta más familiar y personal: su padre y hermanos también fueron pintores, su estudio y Córdoba y su círculo social, que era cercano a la alta burguesía e intelectualidad como a otros ámbitos más desfavorecidos. J. M. Escudero

  • Fundación Bancaja (Plaza de Tetuán, 23. Valencia). Hasta el 8 de diciembre
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