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Recuerdos familiares de Juan Terreros

La galería Orfila exhibe los últimos trabajos del artista, pintor, grabador y escultor, que ha querido hacer un homenaje a “la casa de la familia del padre” con una serie de pinturas sobre lona con formas que aúnan caos y barroquismo.


Todo comenzó cuando Juan Terreros decidió meterse en la remodelación de la casa donde habían vivido sus progenitores. Deshabitada prácticamente desde 1990, estaba llena de recuerdos y sensaciones de toda una vida, pero también de una terraza medio abandonada y unas bodegas viejas. Por eso en 2016 pensó que había llegado el momento de rehabilitar la residencia familiar.

Las obras se eternizaron hasta 2018, tres largos años durante los cuales el artista aprovechó para supervisar y fotografiar el doble proceso de destrucción y reconstrucción de la vivienda. Este desarrollo le hizo plantearse en una propuesta plástica con la que rememorar dicha aventura doméstica. De modo que tomó las imágenes hechas mientras los obreros llenaban de polvo, ruido y cascotes cada espacio de la casa –pozo, chimenea, comedor, lagar– y las usó como punto de partida para elaborar una serie de pinturas que ahora pueden verse en la galería Orfila de Madrid.

“En esta ocasión he cambiado el lienzo por la lona”, explica el propio Terreros. Un material quizá poco ‘noble’ pero mucho más cercano al trabajo realizado por obreros y albañiles, que además le ha permitido explorar nuevas superficies artísticas. No olvidemos que su curiosidad le ha llevado a trabajar con diversos soportes como el papel, el lienzo, el acero cortén, etc.

En la casa de la familia del padre Terreros muestra una pintura que se sitúa a medio camino entre ciertas formas barrocas, sinuosas, caóticas, y su intento por racionalizarlas (metáfora también de ese proceso de restauración de la casa que da título a la muestra).

Ese juego constante entre el caos y el orden parece liderado por el azar, ese elemento casual que tanto le gusta al artista y que se deja sentir en los chorretones de tinta que se escurren libremente por la lona, o esa T presente en todas las obras como una firma, aunque en realidad no ha sido nada buscado, según confiesa el autor. «No alude a la inicial de mi apellido. Recuerda más bien a la cruz tau franciscana, ¿no?». Quién sabe, igual aluda a la pareja de templarios que, cuenta la leyenda, poblaron la vivienda, o al familiar que murió mártir en el siglo XVIII: Fray Alonso Giraldo de Terreros.

Juan Manuel Romero de Terreros ha desarrollado su actividad artística de manera paralela a su actividad como diplomático, profesión que le ha llevado por varias decenas de países. Pintor, grabador y escultor, se formó en la Escuela de Artes y Oficios de Sevilla a finales de los años 50. Coqueteó con el Cubismo, el Impresionismo y la abstracción. Se dejó seducir por los clásicos, a los que ha homenajeado en varias de sus obras –entre 2002 y 2010– y ha protagonizado casi una veintena de individuales. Es autor de varias esculturas públicas, por ejemplo, el San Francisco ubicado en su Cortegana natal o El Quijote que preside una de las rotondas de Colmenar Viejo.

En la casa de la familia del padre es la exposición con la que la galería Orfila piensa culminar su 45 aniversario. Abierta hasta el 6 de julio. SGM

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