NUMERO 44, OCTUBRE-DICIEMBRE 2019

35,00

ESPECIAL BICENTENARIO DEL MUSEO DEL PRADO. Sofonisba y Lavinia en el Prado; entrevista a la directora de los Museos Vaticanos Barbara Jatta; Picasso y Calder, el vacío como pretexto; Marinus, otro enigma del arte flamenco; San Francisco Museum of Modern Art; 200 años vs. 500 personas; en el estudio de Manuel Franquelo; El Prado Disperso; La colección de Óscar Alzaga.

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| PRESENTACIÓN

DE AYER Y DE HOY

No es fácil elegir una portada del Prado. Son casi 28.000 objetos entre pinturas (7.825), dibujos (8.637), grabados (5.493), esculturas (1.086), artes decorativas (1.101), armas, armaduras, medallas, monedas, fotografías y mapas. Por eso, hemos pedido a José Manuel Ballester, Premio Nacional de Fotografía 2010, que eligiera no uno sino 20 detalles para este número especial de ARS en el que hemos querido homenajear al museo en su bicentenario.

Si cada cuadro u objeto tiene a su vez tantos detalles y puntos de vista, es fácil entender la dificultad de la selección. A la que hay que añadir el momento, el estado de ánimo, aquel día de lluvia, de descanso, el libro que estábamos leyendo, la luz, la reciente limpieza o restauración… Uno puede volver al Prado y tener la seguridad de que siempre va a encontrar o descubrir algo nuevo. A veces serán solo pinceladas. Otras, un pequeño monstruo del Jardín de las Delicias, tantas veces mirado y siempre nuevo. Es la historia de España y la del mundo. Objetos aparentemente muertos pero que siempre cuentan cosas. Y cuanto más se miran y estudian, más secretos desvelan y transmiten.

El Prado es de todos los que lo visitan. Siempre ocurrió así. Ayer y hoy. Tiene que ver con nuestra vida; o con otras vidas. Como El jardín del Amor en el que Rubens plasmó la alegría de vivir de su época. O como ese reportaje sobre sus trabajadores que ocupa la parte más importante de la revista. Pero también hay cosas nuevas: como un Marinus que se restaura, las dos mujeres del Renacimiento italiano, Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana, que protagonizan su próxima exposición, o esa crónica alucinante sobre el Prado disperso que cuenta la vida secreta de muchos cuadros y objetos perdidos y recuperados en el tiempo.

200 años después, el Prado está vivo. Se mueve a pesar de la incuria presupuestaria de la Administración. Y lo está porque sus visitantes también lo están. Y seguirán estándolo dentro de otros 100 ó 200 años. Una casa para seguir viviendo y disfrutando.

Por Fernando Rayón

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