NUMERO 36, OCTUBRE-DICIEMBRE 2017

35,00

Cai Guo-Qiang en el Prado; Entrevista a William B. Jordan; Arcimboldo y España; Zurbarán, una serie monumental; la mirada moderna de Giorgio de Chirico; una nueva “Adoración de los pastores” de Maíno; Centro Botín: espejismo en Santander; Portfolio de Manuel Pertegaz; la colección de Ronald Harrar.

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LA HORA DEL COLECCIONISTA

 

Es un hecho que, durante los últimas décadas, el coleccionismo de arte en España ha crecido de forma exponencial. Es también verdad que este interés ha estado trufado de burbujas que distorsionaron la realidad del mercado: el boom inmobiliario propició la aparición de compradores cuyo criterio estaba sujeto a unas modas que, de la misma forma que llegaron, se fueron. La crisis del sector se encargó de su dispersión y, desgraciadamente en muchos casos, de su desaparición.

Fue precisamente la crisis económica –y no solo la del sector inmobiliario– la que dio la puntilla a aquel mercado que había empezado a tambalearse a nivel global desde el 11S. Ya no solo se deshacían colecciones reunidas al calor del dinero fácil, sino que muchas familias debieron desprenderse, a pesar de la coyuntura negativa o precisamente por ella, de sus más preciados tesoros, desde la Casa de Alba hasta el que conservaba grabados. Esta situación en la que aún nos encontramos propició la aparición en el mercado nacional e internacional de auténticas gangas, impensables hace unos años. Salvo algunos nombres bien mantenidos por un cuidadoso mercado global, hemos visto cómo lo que antes se ofrecía por seis, ahora se vende por dos.

Los maestros antiguos, las artes decorativas, los grabados, los artistas del XIX y otros han experimentado una depreciación que todavía no ha tocado fondo. Solo la arqueología asoma como un sector que empieza a revalorizarse.

¿Y este es el momento de comprar? Sin duda. No hay más que repasar nuestras páginas iniciales de mercado para conocer algunas magníficas adquisiciones privadas y del propio Estado. Nunca los verdaderos coleccionistas –aquellos que se mueven al margen de los grupos inversores o de fondos capital/riesgo– soñaron con tener acceso a las piezas que actualmente están en el mercado. Y no me refiero solo al dinero por el que se ofrecen, sino a la calidad misma de las piezas. Han aparecido en los últimos años verdaderos tesoros ocultos que, por las razones a las que antes me refería, han aflorado de manera sorprendente. Oportunidad, me dirán, para el que tenga dinero. Sin duda. Pero nunca con tan poco dinero se pudo hacer una buena colección. Cuando pase algún tiempo miraremos estos años con nostalgia

Por Fernando Rayón

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