NÚMERO 32, OCTUBRE-DICIEMBRE 2016

35,00

Category: .

| PRESENTACIÓN

NOCHE OSCURA

Cuando el 9 de febrero de 2009 presentamos nuestra revista, coin­cidimos en el Museo del Prado con la muestra de Francis Bacon, lo que nos permitió regalar a los asistentes una visita guiada a la exposición. Recuerdo cómo les impactaron aquellas imágenes que, sin embargo, tenían tanto que ver con cuadros y composiciones de maestros antiguos, y no tan antiguos, de la historia del arte.

Es conocida la referencia de Margaret Thatcher al pintor: «¡Ah sí, ese artista que pinta esos cuadros horribles!» y también la respuesta de este, recordando a la Dama de Hierro que solo representaba el horrible mundo que habían creado gente como ella tras la guerra. Hoy nadie duda de que el pintor irlandés es uno de los artistas más importantes del siglo XX. Pero un artista que no deja a nadie indiferente: o entusiasma o produce rechazo, porque su obra es un viaje al lado más oscuro y retorcido del alma humana. Figuras y rostros desencajados, mutilados o descomponiéndose que reflejan el trauma que le ocasionó a toda una generación la guerra y sus consecuencias.

Sabemos que entre 1927 y 1928 residió en Berlín y París. También que decidió hacerse pintor tras visitar en la Galería Rosenberg una muestra de Picasso. Pues bien, todos estos referentes son los que explora Francis Bacon: de Picasso a Velázquez, la exposición del Museo Guggenheim Bilbao que llevamos a nuestra portada. La que fue comisaria de aquella muestra del Prado, Manuela Mena, escribe un interesante texto sobre el pintor. La comparativa con obras de El Greco, Velázquez –como El Bufón el Primo– Picasso o Giacometti no solo resulta clarificadora para entender su obra, sino decisiva para la historia del arte del siglo XX.

Pero no querría terminar esta presentación sin referirme al artículo de Nicole Atzbach sobre Santa Justa y Santa Rufina de Murillo. Robadas por los nazis a los Rothschild, fueron recuperadas por la familia tras la guerra y, después de pasar por varios propietarios, terminaron en el Meadows Museum de Dallas. Atzbach les ha dedicado dos años de investigación con un único fin: demostrar que los cuadros habían sido devueltos y posteriormente vendidos por sus legítimos propietarios para que sobre ellos no pesara el estigma del expolio. Y lo ha conseguido. En noviembre se expondrán en el Hospital de los Venerables de Sevilla. Las dos santas vuelven a la ciudad de la que son patronas; pero vuelven con la limpieza de su origen clarificado. Fueron víctimas también de aquella noche oscura que, esperemos, nunca más vuelva a repetirse.

Por Fernando Rayón

| SECCIONES DE LA REVISTA