NÚMERO 31 JULIO-SEPTIEMBRE 2016

35,00

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| PRESENTACIÓN

TODA AMÉRICA

Dice Rafael Tovar, Primer Secretario de Cultura de México, que en aquel país se viven de manera especial los distintos momentos de la historia. El arte virreinal está tan ligado a la religión como el arte maya. Las culturas prehispánicas se unen al arte popular como el arte barroco o el contemporáneo. Quizá por eso, no sorprende que un museo del siglo XXI pueda albergar una colección de arte barroco. El edificio de Toyo Ito que viene a nuestra portada viene a representar esa mezcla de culturas que en toda América se han dado a lo largo de la historia.

No hemos hecho muchos números especiales en nuestra revista: apenas los dos sobre el Greco. Pero nos parecía que México necesitaba algo más. Y no solo por su historia –la exposición de los mayas en Alemania podría haber formado parte de cualquier número– o por su arte contemporáneo: Rafael Lozano-Hemmer podría haber mostrado su estudio de Montréal (Québec) en cualquier otro momento; sino porque pocos países muestran una vitalidad creativa tan sorprendente.

Los paneles o enconchados de la conquista de México, que mostramos por primera vez unidos en el Portfolio –están divididos en dos colecciones particulares españolas– nos acercan además a un arte virreinal que no solo se ha puesto de moda entre los coleccionistas y en las casas de subastas, sino que está dando lugar a uno de los mayores y más fructíferos intercambios de investigadores entre ambos países. Se está trabajando a ambos lados del Océano. Por eso no resulta extraño que el italiano Giuseppe Porzio publique en nuestra revista el hallazgo de dos riberas del periodo romano conservados en las bodegas del Museo Nacional de San Carlos de México.

Pero tampoco hemos querido ser exhaustivos. Hay reportajes que hablan de colecciones y obras que tienen que ver con Brasil, Colombia o Estados Unidos. Todo es América, que es decir también España. Porque el arte siempre ha utilizado un mismo lenguaje, aquel que unía tres continentes con las joyas y maravillas que transportaban los galeones desde China y Manila –vía América– y que recalaban en una asombrada y bulliciosa Sevilla.

Por Fernando Rayón

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