NÚMERO 3 | JULIO-SEPTIEMBRE 2009

35,00

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| PRESENTACIÓN

LAS COSAS CAMBIAN… A MEJOR

Decía Jonathan Brown en el primer número de ARS que «el debate entre los especialistas era esencial para avanzar en la Historia del Arte». Se lamentaba el hispanista de que en España las diferentes opiniones «acababan muchas veces en polémicas de cierto tono personal». Así ocurrió hace unos años cuando apareció en París un nuevo cuadro –la Inmaculada que hoy viene a nuestra portada– atribuido a Velázquez. El propio Brown y Alfonso E. Pérez Sánchez mantuvieron en los medios de comunicación un enfrentamiento que se reprodujo en escaramuzas posteriores: con la Santa Rufina y la Criada con pañuelo, ambas de Velázquez.

Si recuerdo aquellas grescas es porque en los dos últimos números de nuestra revista (incluyo el que tiene usted en sus manos) se han publicado sendos artículos que merecen una reflexión al margen de su innegable interés científico. Me refiero al reportaje de Javier Portús sobre el San Juan Bautista en el desierto del Art Institut de Chicago y al de Benito Navarrete sobre La Inmaculada adquirida por Focus Abengoa para el Centro Velázquez de Sevilla.

Argumentaba Portús los motivos de su atribución al maestro sevillano. Y lo hacía con rigor científico y humildad dialéctica. No imponía: proponía. Quizá esa manera de situar aquel cuadro en otro contexto –los años que vivió Velázquez nada más llegar a la Corte madrileña– y, sin duda, la forma de exponerlo han llevado a Benito Navarrete a aceptar en su artículo sus propuestas. Otro tanto hace Navarrete al aceptar la tesis de Brown de adjudicar la Inmaculada de Sevilla también a Velázquez. Y lo hace a la vista de los nuevos datos científicos y de observación que se desprenden de su estudio de la obra. Todo esto ocurre sin agrias polémicas que dejen heridas difíciles de cerrar. Simplemente razonando, rectificando, admitiendo, estudiando… Quizá las cosas estén cambiando y los debates científicos deban acometerse de otra manera. Muchos ‘colosos’ saldrían beneficiados. Por lo que respecta a nuestra revista sólo hemos de congratularnos de que desde estas páginas se haya conseguido arrojar luz y sosiego a uno de los debates más apasionantes de la historia de la pintura española: aquella que acompaña a las primeras obras de Velázquez en Sevilla y Madrid.

Y confirmar algo más: queda mucho por decir del arte español. Ni siquiera nuestro Siglo de Oro ha sido estudiado como se merece. El profesor Enrique Valdivieso añade, también en este número, nuevos datos sobre una obra y un pintor que ni siquiera estaban en nuestros libros: Francisco Palacios. Afortunadamente no van a ser las únicas sorpresas que ARS depare. Hay en marcha algunos artículos que seguirán dando que hablar.

Por Fernando Rayón

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