NÚMERO 25 | ENERO-MARZO 2015

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| PRESENTACIÓN

LO QUE EL GRECO NOS DEJÓ

Acabado el Año Greco, parece oportuno hacer un balance de lo vivido. Como suele ocurrir en este tipo de eventos, lo más interesante han sido las exposiciones, porque han permitido contemplar obras del maestro poco conocidas en España. Las muestras El griego de Toledo, y El Greco: arte y oficio, del Museo de Santa Cruz (Toledo), han sido deslumbrantes. Pero La biblioteca del Greco y El Greco y la pintura moderna, ambas en el Museo del Prado, han demostrado que Doménikos Theotokópoulos es, de los clásicos, el pintor más influyente para el nacimiento de las vanguardias históricas y, en definitiva, la propia construcción de la pintura moderna.

También estas conmemoraciones suelen venir acompañadas de intensas campañas de restauración de obras del artista. En este punto destaca, por encima de cualquier otra, la sabia y acertada limpieza realizada por el Museo del Prado de El Expolio de Cristo de la Catedral de Toledo. El estudio de la obra ha permitido poner fin a uno de los puntos más discutidos en su bibliografía: a pesar de las críticas iconográficas y exigencias de cambios compositivos esgrimidos por parte del cabildo catedralicio, nuestro pintor no modificó, en ningún momento, la disposición de las figuras de las tres Marías.

En cuanto a novedades en el conocimiento científico, sobresalen las sugestivas reflexiones sobre dos aspectos de su biografía: su faceta de arquitecto y la de autor intelectual. Igualmente, se puede calificar de absoluto acierto la gestión de la Fundación El Greco 2014 para lograr el acceso a espacios toledanos de titularidad privada que conservan obras del cretense. Además, el Entierro del conde de Orgaz (parroquia de Santo Tomé), o los cuadros de la iglesia del Monasterio de Santo Domingo el Antiguo –por no hablar de la sacristía de la catedral–, han recibido una nueva iluminación que ha mejorado sensiblemente su visión. Magnífica ha sido también la idea de la Fundación Medinaceli de reunir la mayor parte de las obras del cretense en un espacio arquitectónico tan bello y clásico como la sacristía de la iglesia del Hospital Tavera. De vez en cuando, hacemos las cosas bien en España.

Por Fernando Rayón

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