NÚMERO 22 | ABRIL-JUNIO 2014

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| PRESENTACIÓN

UN AÑO PARA RECORDAR

El 400 aniversario de la muerte de Doménikos Theotokópoulos en Toledo era una ocasión que ni siquiera la crisis podía dejar escapar. Los organismos semipúblicos, con la ayuda de empresas privadas, han conseguido que el año no pase en balde y, cuando lean estas páginas, ya estará inaugurada la gran exposición sobre el cretense en el Museo de Santa Cruz en Toledo. Pero al margen de esa muestra, y de otras que se irán sucediendo a lo largo del año,la efemérides da la oportunidad también para dar varias vueltas de tuerca a la compleja obra del pintor.

Todos los especialistas en su obra saben que la discriminación entre los cuadros que pintó el maestro y los que son de su taller ha generado tantas polémicas como las personas que escribían sobre ellas. Pero los recientes descubrimientos técnicos y las restauraciones de obras que todos consideran indiscutibles, han revelado una técnica y un método de trabajo tan original como inimitable; razón por la que muchas de sus obras han pasado a ser consideradas de taller, cuando no sencillamente imitaciones o falsificaciones de siglos posteriores. El mercado internacional, que ha puesto al pintor donde se merecía, se ha encargado del resto, aunque no siempre teniendo en cuenta estos recientes descubrimientos.

Por todo ello, hemos querido sumarnos a los eventos de este año con un número especial sobre el maestro. No va a ser suficiente; incluso deberemos recoger en números sucesivos algunas cuestiones más. Desde la entrevista a Gregorio Marañón al estudio de Carlos León, pasando por las exposiciones, espacios, obra a estudio y coleccionista, cada uno de nuestros reportajes quiere ser un homenaje a ese gran desconocido –aunque se le admire desde América hasta Asia– que sigue siendo el Greco.

Este año tampoco lo pueden dejar escapar los que actualmente investigan su biografía y obra –aún siguen apareciendo documentos inéditos sobre su vida– para componer un corpus que, evitando viejas prevenciones o atribuciones tradicionales, devuelva al gran público una imagen renovada sobre su arte. El trabajo de investigación de José Redondo va en esa línea, seguramente polémica, pero argumentada con datos recientes que –siempre es así– quiere ser una propuesta de discusión. Y es que, deformado por tantos imitadores y copistas, el cretense merece ser conocido como lo que fue, un extravagante artista, escritor y personaje que, quizá también por ello, cada vez nos parece más fascinante, moderno y universal.

Por Fernando Rayón

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