NÚMERO 21 | ENERO-MARZO 2014

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UN GUIDO RENI EN EL ESCORIAL

En su número de octubre, The Burlington Magazine, la revista de arte más prestigiosa del mundo, publicaba un artículo del investigador español Gonzalo Redín Michaus, de la Universidad de Alcalá, en el que daba cuenta del descubrimiento en El Escorial de una Conversión de san Pablo de Guido Reni (1575-1642). El cuadro, propiedad de Patrimonio Nacional, se encontraba en el despacho de un profesor del Real Centro Universitario Escorial-María Cristina. Gracias al investigador, esta obra maestra ha sido atribuida sin ninguna duda al artista más influyente, junto con Caravaggio, de todo el siglo XVII italiano.

El magnífico hallazgo crece al conocer la calidad de la pieza, su rara iconografía dentro de la obra del pintor, su tamaño (222 x 160 cm), y la posible fecha de su elaboración: entre 1615 y 1620, casi una respuesta al mismo asunto pintado por Caravaggio para la capilla Cesari de Santa Maria del Popolo en Roma. Pero su valor artístico se une al histórico cuando leemos que la pieza pudo ser regalada a Felipe IV por Niccolò Ludovisi, sobrino de Gregorio XV. Recordemos que este noble había obsequiado al mismo rey con la Ofrenda a Venus y la Bacanal de Tiziano. De hecho, desde 1681 el cuadro figura en El Escorial como de Guercino, atribución que sería modificada en los últimos años para adscribirlo sin ningún fundamento a Luca Giordano.

El descubrimiento no merecería más que parabienes y reconocimiento si no fuera porque ha pasado hasta ahora casi inadvertido. Lo que en Europa o Estados Unidos hubiera sido portada de periódicos generalistas, no ha conseguido, al menos hasta ahora, atención de los medios de comunicación. Pero hay más: el silencio se vuelve estrepitoso al comprobar que desde Patrimonio Nacional no se ha dado noticia del hallazgo, ni siquiera de su publicación. Cuando incluso he preguntado a algún conservador de la institución sobre este silencio, la respuesta ha sido aún más dolorosa: «No sabíamos nada de su difusión y claro, nos deja en evidencia», mientras recordaba que el cuadro había sido trasladado recientemente al Colegio María Cristina desde los almacenes de El Escorial porque su gran tamaño había servido para tapar una mancha que había dejado otro lienzo menor al ser retirado. Tremendo. No quiero pensar que este país no tenga remedio, pero hay veces que dan ganas de gritar ante tanta desidia. Y desde luego, eso también, agradecer a los que –con seguro muchas dificultades– siguen trabajando y enriqueciendo nuestro patrimonio con obras maestras como esta.

Por Fernando Rayón

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