NÚMERO 11 | JULIO-SEPTIEMBRE 2011

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| PRESENTACIÓN

LA JUVENTUD DEL GENIO

La reciente exposición sobre la etapa romana de Ribera, cuando aún no había cumplido 25 años, ha permitido reflexionar a los expertos sobre ese tiempo en el que los maestros se van formando. No resulta fácil, como vimos en las reuniones, consensuar fechas, formación, estilo, ni siquiera la autoría de algunas obras.

Pero de aquella discusión salieron ideas y propuestas que anunciaban futuros hallazgos. Así ocurrió con el Maestro del Buen Samaritano, bautizado así por Papi en el número anterior de ARS, y al que el investigador italiano atribuyó el apostolado de la Academia de San Fernando, que reproducimos junto a estas líneas, y que no es italiano como decíamos en los pies de foto, sino holandés como señalaba Papi en su texto.

Este autor, aún anónimo pero cercano a Ribera, centró alguno de los debates que se celebraron. No fue el único. Las dos primeras décadas del siglo XVII en Roma fueron tan extraordinarias como la calidad de los pintores que allí se congregaron procedentes de toda Europa. Quedan cosas por ‘descubrir’.

Si me refiero a esos años del Españoleto es también porque en este número volvemos a Goya; a una nueva obra juvenil del maestro aragonés, pintada también antes de llegar a la Corte. Una etapa aún confusa por atribuciones más que discutibles. El consenso que esta composición ha despertado puede ayudar a los expertos a situar, en torno a otras obras seguras, algunas otras tan deudoras de los recursos del Aula Dei.

Y si hablamos de juventud y genio no puedo olvidar el artículo de Michael Scott sobre Alejandro Magno: fascinante como todo lo que hace este profesor de la Universidad de Cambridge. La misma juventud y genio que derrocha Antonio López a sus 75 años. Y es que en el arte, ilusión y genio es lo que cuenta.

Por Fernando Rayón

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