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Picasso, tras la huella de Toulose-Lautrec

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza continúa celebrando los 25 años de su fundación, en este caso con una exposición tan inédita como obvia donde se confronta la obra del malagueño con el artista francés que tanto le inspiró.



No era tarea fácil, poner frente a frente a dos maestros de la modernidad. Sin embargo, la relación entre Pablo Ruiz Picasso y Henri de Toulouse-Lautrec ha estado ahí desde siempre. Ahora, y por primera vez, Picasso se confronta con Toulouse-Lautrec en un diálogo inédito a través de 112 obras en las que se aprecia cómo ambos mantuvieron los mismos intereses. La exposición Picasso/Lautrec es una apuesta personal de Francisco Calvo Serraller y Paloma Alarcó, sus comisarios.

¿Qué vio Picasso en Lautrec? Ese fue el punto de partida de este proyecto que se gestó hace tres años y que presenta el Museo Thyssen, en colaboración con la Comunidad de Madrid. Probablemente, lo que atrajo al malagueño fue el lenguaje radical y rupturista del autor parisino, sus composiciones caricaturescas, su gusto por las escenas de burdel y su tendencia al ‘arte de lo inacabado’. De ahí los mismos personajes bohemios, en ocasiones ebrios, las saltimbanquis circenses, los vagabundos y las prostitutas que poblaron las calles de Montmartre a principios del siglo pasado y que inmortalizaron ambos pintores.

Pero la huella de Lautrec en Picasso “no se restringe a principios del XX, sino a toda su trayectoria”, explica Calvo Serraller. Quizá por eso las obras expuestas no se reducen solo a aquellos años parisinos, pues también se exhibe alguna pintura de su etapa inicial en Barcelona e incluso un tapiz de lana de Las señoritas de Avignon que colgaba de su casa.

«Ambos son artistas con una mirada caricaturesca, a veces complaciente, pero siempre crítica”, señala Alarcó. Aunque nunca llegaron a conocerse, los dos vivieron en la misma ciudad por los mismos años. Picasso viajó a París en octubre de 1900, atraído por la vanguardia y la riqueza cultural de una ciudad que bullía de modernidad, cabarets y cafés. Un París que era “como una arcadia sucia” –en palabras de Casagemas–, que aglutinó a gran parte de los creadores del momento y donde Toulouse-Lautrec se había criado. El autor del Guernica apenas estaba naciendo como pintor, mientras que el cartelista galo estaba en el ocaso de su carrera (enfermo, moriría en 1901).

Esa intersección entre ambos es, según el director del museo Guillermo Solana, uno de los aspectos más atractivos e intrigantes de la muestra. El otro es la intersección entre dibujo y pintura, con obras hechas a pastel, gouache o acuarela que parecen bocetos pero no lo son. “En esa zona de penumbra entre el dibujo y la pintura se está gestando la modernidad”, aclara Solana.

El recorrido de la muestra se articula en torno a cinco apartados temáticos: bohemios, bajos fondos, vagabundos, ellas y eros recóndito. Todo ello organizado en torno a parejas de cuadros o comparaciones mutuas. En ocasiones, el diálogo entre los dos artistas refleja también su manera de enfrentarse al lienzo en blanco o de concebir las escenas. Las composiciones hogareñas, casi domésticas, de burdel que inmortaliza Lautrec conviven con el espíritu más erótico de Picasso, por ejemplo.

Picasso/Lautrec puede visitarse hasta el 21 de enero de 2018. Sol G. Moreno

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