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La crítica de Henrik Olesen contra una visión reducida de la sexualidad


El Museo Reina Sofía reúne tres exposiciones: la de David Wojnarowicz, Miriam Cahn y desde mañana la del danés Henrik Olesen que tienen algún hilo conductor común porque plantean desde perspectivas diferentes una reflexión sobre el cuerpo, la sexualidad y la construcción de la identidad en las sociedades contemporáneas. La muestra dedicada a Henrik Olesen (Esberg, Dinamarca, 1967) es la primera individual de este artista que se ha caracterizado por un intento sostenido de desmontar la ficción de la heteronormatividad y cómo los diversos espacios sociales, desde las perspectivas jurídicas, los discursos médico-clínicos, el mundo creativo o la familia como institución a veces terminan siendo fundamentales para aquellos que no se adecúan a los estándares dominantes.

Comisariada por Helena Tatay y coordinada por Soledad Liaño, la exposición permanecerá abierta desde mañana y hasta el 21 de octubre en la planta tercera del edificio Sabatini, y constituye una oportunidad para ver de qué modo Olesen apuesta por introducir al espectador en un intencionado mundo homosexual porque la represión de ese espacio ha sido omnipresente, en opinión del artista danés, en la historia de la cultura occidental. En ese sentido, la comisaria escribe en el catálogo que las definiciones de la homosexualidad y la criminalización de los homosexuales como enfermos o desviados  se dan, en Europa, en un paisaje que viene definido por dos coordenadas.

Y añade que, por un lado, la furia clasificadora del espíritu de la Ilustración: y Por otro, por reforma de la población, el gran proyecto del Estado moderno, consustancial al desarrollo de las fuerzas productivas del capitalismo, que ordena a los individuos en distintos espacios (colegios, fábrica, hospital, etcétera) y los define y clasifica médica, sexual y psicológicamente.

En la selección de obras presentes en la muestra se observa como el artista danés usa materiales cotidianos, desde cartones de leche, tarros de comida, ropa, estuches de medicamentos, listones de madera, para componer collages, carteles, esculturas, instalaciones, composiciones arquitectónicas e inclusión de textos, que le sirven para analizar de un modo crítico la cultura contemporánea.

En la primera parte encontramos la instalación Mr.Knife and Mrs. Fork, una pieza de 2008 que supone una deconstrucción de la familia entendida, por un lado, como matriz social y económica de los sistemas de producción y reproducción capitalista y, por otro, como una escenificación teatral y poética de su rechazo. Y después pueden verse las series Some Illustrations to the Life of Alan Turing, del mismo año, y que le sirven de punto de partida para reflexionar sobre este gran matemático inglés, precursor de la informática moderna, pero que en 1952 fue procesado por ser homosexual y que fue obligado a tomar hormonas femeninas que transformaron su cuerpo. Todo ese sufrimiento le condujo a suicidarse comiendo una manzana con cianuro.

Hay en muchas de sus obras una reacción a la falta de visibilización que sufre la comunidad gay y cómo la historia del arte, en opinión del danés, también ha silenciado el mundo homosexual, visible en obras como Some Gay-Lesbian Artists and/or Artists Relevant to Homo-Social Culture Born Between c. 1300-1870 o en Some Faggy Gestures, ambas de 2007. Olesen rinde homenaje al Atlas Mnemosyne de Aby Warburg con un conjunto que reúne a una gran variedad de artistas, imágenes, gestos o códigos clasificados y ordenados en varios grupo y subgrupos para construir una imagen múltiple y positiva de la historia cultural homosexual.

En trabajos de hace tres años como San Jorge y el dragón e Infierno late una crisis existencial con citas al Infierno de Dante Alighieri, mientras que en la instalación arquitectónica titulada Esquinas rectas (2015), donde las cuatro esquinas de una habitación están tiradas por el suelo, como si se hubieran caído. Son una especie de esculturas posminimalistas de aspecto descuidado que son una invitación para que el espectador tome conciencia de la invisibilidad de elementos que son esenciales para el sostenimiento de un sistema o estructura, lo que no deja de ser un reflejo de la crisis vital y artística de Olesen. En muchas de sus piezas ha ido construyendo algunos diálogos espaciales con el fin de establecer distintas percepciones corporales, visuales y lingüísticas del que pasea ante esas obras con una correspondencia de gestos e ideas.

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