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Mucho más que ‘Poesías’ en el Prado

La pinacoteca inaugura la temporada de exposiciones temporales con Pasiones mitológicas: Tiziano, Veronese, Allori, Rubens, Ribera, Van Dyck, Velázquez. La muestra reúne en el mismo lugar por primera vez desde finales del siglo XVI las «Poesías» que Felipe II encargó a su pintor predilecto, Tiziano. Se podrá visitar hasta el 4 de julio.


Esta semana se ha inaugurado en el Museo del Prado la exposición Pasiones mitológicas, comisariada por el director de la institución, Miguel Falomir, y por el jefe del departamento de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte hasta 1700, Alejandro Vergara. La muestra inicia el nuevo curso de exposiciones temporales y ha contado con el patrocinio en exclusiva de la Fundación BBVA, cuyo presidente, Carlos Torres Vila, asistió a la presentación. El evento fue seguido a través de Facebook, TikTok e Instagram por más de 150.000 personas.

Aunque las 29 obras que la componen la caracterizan como una muestra de reducidas dimensiones, ha sido un proyecto de grandes ambiciones. El hito, reunir por primera vez desde finales del siglo XVI las seis «Poesías» pintadas por Tiziano para Felipe II con tema mitológico. Aunque ha habido voluntad desde hace décadas–Miguel Falomir declaró que «era la exposición soñada por muchos directores de museos de arte antiguo»–, la tarea se hacía imposible debido a la política de varias de las instituciones depositarias de los lienzos de prohibir el préstamo de cualquiera de sus obras.

Los relativamente recientes cambios en esos estatutos han facilitado las negociaciones, que desembocaron en una exposición común para cuatro sedes: el propio Museo del Prado, el Isabella Stewart Garden Museum de Boston, la National Gallery de Londres, y las National Galleries of Scotland en Edimburgo (esta última cayéndose del proyecto debido a problemas financieros).

En Londres, donde ya ha recalado la exposición –si bien con poca fortuna debido a los cierres ocasionados por la tercera ola de la COVID-19 en las islas británicas–, y en Boston sólo se incluirán los seis lienzos de Tiziano. Pero tal y como argumentó Falomir «esta serie significa mucho más para Madrid. Fue aquí donde estuvo por última vez», por lo que el proyecto se modificó para el Prado. A las «Poesías» se han sumado 23 piezas más, en su mayoría pinturas, de Veronés, Allori, Rubens, Ribera, Van Dyck o Velázquez –tal y como reza el subtítulo de la muestra– centradas en temas mitológicos que giran en torno al amor y el sexo.

Este ha sido, según han coincidido el Prado y la Fundación BBVA, un éxito rotundo dentro de un clima complejo por el cierre de fronteras y la clausura de instituciones culturales. De hecho una de las obras, Cupido y Psique de Van Dyck, no ha podido llegar a tiempo para la inauguración (aunque se espera que se incorpore durante el próximo mes). A esto hay que sumar el descenso de los ingresos de los museos, como el Prado, cuyos presupuestos se sustentan en buena medida en la venta de entradas.

Para paliar esta circunstancia ha sido vital el apoyo del BBVA. Torres Vila ha recordado sus «dos décadas de colaboración ininterrumpida» y ha reflexionado sobre la importancia del disfrute presencial del arte: «Sin el público las cosas no funcionan. La experiencia en directo no se puede sustituir por la digital, pero sí amplificar». En relación con ese enriquecimiento online, en unas semanas se publicará una visita virtual a la exposición con el mismo precio que el de una audio-guía, 2,5 euros.

Fue tarea de Alejandro Vergara exponer en qué consiste la aportación a Pasiones mitológicas durante su estancia en el Museo del Prado. Su enfoque personal, aunque no es estrictamente novedoso, sí resulta refrescante, y alejó a la audiencia de consideraciones históricas para sumergirla en la interpretación emocional y poética.

Basándose en la cualidad oral y de renovación generacional de la mitología, defendió el papel de los pintores como los herederos de los poetas clásicos. Su écfrasis –interpretación visual de una fuente escrita– se inscribe en el ciclo de apropiación y modernización de unas historias imbricadas en los fundamentos de la civilización europea hace más de 2000 años.

Es este carácter el que dota a estas historias y a todas sus iteraciones –escritas, pintadas o esculpidas– de relevancia incluso para el mundo contemporáneo. Y aunque Falomir nos advierte contra una lectura anacrónica –»el peor pecado en el que puede caer un historiador»– que conllevaría una censura y reprobación de los temas de las obras de la exposición, sí se destaca su influencia hasta nuestros días. Se recordaron las palabras de Lucian Freud, para quien Diana y Acteón Diana y Calisto, ambas pertenecientes a las «Poesías», eran los cuadros más bellos del mundo.

Los comisarios nos invitan en los próximos meses a observar evitando el juicio frontal y descontextualizado, y nos aseguran que saldremos enriquecidos. «Reducir mis experiencias a un género, cultura o estrato social me convertiría en una persona más limitada» concluyó Vergara. Héctor San José.

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