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Mucha, más allá del ‘art nouveau’

*Bohemio, cosmopolita y patriota, el artista checo se mantuvo siempre fiel a sus raíces y puso su talento al servicio de la causa política con obras como Epopeya eslava o Rusia restituenda.

* Arthemisia y Fundación Mucha presentan en el Palacio Gaviria más de 200 obras del autor, famoso por sus carteles publicitarios con mujeres seductoras.


Era todavía un adolescente cuando Alphonse Mucha (1860-1939) comenzó a colaborar en las revistas satíricas políticas de su Ivančice natal. En 1878 se había presentado como pintor al examen de acceso de la Academia de Bellas Artes de Praga, pero no fue admitido, por eso tuvo que conformarse con un aprendizaje más modesto, que repartió entre las ilustraciones estampadas y los carteles que hacía para anunciar las funciones del teatro de su ciudad.

Precisamente esos carteles publicitarios con los que comenzó a ejercitarse en el dibujo de forma temprana son los que le han dado fama internacional. No es extraño, por tanto, que sean el principal reclamo de la muestra monográfica que acaba de inaugurar el Palacio Gaviria, que repite como centro de exposiciones tras el éxito cosechado con otro monográfico: Escher.

El secreto del autor checo estuvo en tratar este material como objeto artístico en vez de como un mero elemento propagandístico. Dolido por el rechazo de la Academia, Mucha puso todo su genio en los carteles -hacía incluso bocetos preparatorios-, convirtiéndose en uno de los mejores especialistas de este género del fin de siècle y en el fundador del art nouveau (antes de que surgiese este término, el público lo conocía como ‘estilo mucha’).

Uno de las litografías que más éxito tuvo fue Gismonda (1894), el cartel publicitario que hizo in extremis para anunciar el melodrama griego protagonizado por Sarah Bernhardt. Al parecer, la actriz llamó en Nochebuena a la imprenta donde trabajaba Mucha para pedir que cambiasen el diseño cuanto antes y, aunque este solo se encargaba entonces de revisar bocetos, propuso una composición que fascinó a la estrella de cine. También debió de gustar, y mucho, al público. ¡La gente arrancaba los carteles de las calles para llevárselos a su casa!

Aquel fue el inicio de una fructífera relación entre la actriz y el artista, que a partir de ese momento se encargó de ilustrar todas sus actuaciones, como por ejemplo Medea, Tosca y Hamlet, presentes en la exposición. Asimismo, también supuso el reconocimiento de Mucha como diseñador de carteles. Nestle, Möet Chandon, Benedictine… todas las marcas anhelaban tener una obra suya para publicitarse. Y en todas, el autor ponía su impronta: las mujeres seductoras, o lo que es lo mismo,  «el maravilloso poema del cuerpo humano», según sus palabras. Mujeres dulces, cándidas, pensativas, provocadoras o enigmáticas. Incluso en el cartel que anuncia el papel de fumar Job, el tocado y los cabellos de la figura femenina son más llamativos que el producto que publicita.

El recorrido repasa esta época dorada con algunas de las litografías y pinturas más celebres del padre del art nouveau. Destacan, por ejemplo, su serie de Las estaciones (1896) o Las piedras preciosas (1900), cargadas de belleza, elegancia y sensualidad. Extraordinarias resultan también las artes clásicas -danza, pintura, poesía y música- que dibuja con trazo magistral a lápiz y acuarela sobre papel en 1898.

Sin embargo, la retrospectiva titulada Alphonse Mucha ahonda en otras facetas menos conocidas y quizá por ello más interesantes. Porque además de ilustrador, nuestro autor fue también pintor, diseñador de insignias, joyas y elementos decorativos, fotógrafo e incluso escultor, como se puede apreciar en las distintas secciones de la muestra.

UN ARTE PARA EL ENTENDIMIENTO

La armonía de las formas que tanto caracteriza las obras de Mucha es la misma que el propio autor deseó para los pueblos, en un momento dominado por los procesos independentistas del Imperio Austrohúngaro primero, y la Guerra Mundial después. Patriótico nacionalista y defensor de sus raíces eslavas, siempre apostó por el entendimiento, así como por un arte capaz de «crear puentes». «El objetivo de mi trabajo nunca ha sido destruir, sino construir, unir. Tenemos que confiar en que la humanidad se acerque entre sí, pues todo será más fácil cuanto más capaces seamos de entendernos», escribió en una ocasión.

Con esa aspiración de unión y concordia creó la Epopeya eslava, un proyecto compuesto por 20 lienzos que llevó a cabo en 1918. Cultura, religión y política se unen en estas obras que reflejan episodios históricos relativos al pueblo eslavo y donde la guerra se deja sentir como el estigma del ser humano. En Rusia restituenda (1922) denuncia la hambruna de la sociedad rusa tras la revolución bolchevique, mientras que La luz de la esperanza (1933) parece un alegato a favor de la paz, con esa llama que brilla tímidamente entre las manos de un superviviente de la barbarie.

De poco le sirvieron sus mensajes cuando Hitler alcanzó al poder y llevó a cabo sus ansias imperialistas. Su joven país, Checoslovaquia, que se había independizado de Austrohungría en 1918, volvía a estar ocupado. Y Mucha, personaje ilustre masón, fue arrestado por la Gestapo. Aquejado ya de una neumonía, moriría poco después de su detención, dejando una Europa al borde de la Segunda Guerra Mundial. Aún tuvo tiempo de iniciar un proyecto que dejó inconcluso, «con un mensaje de paz que dejó no solo para los eslavos, sino para toda la humanidad», explica la comisaria Tomoko Sato. Esta interesante y poco conocida faceta de Mucha podrá conocerse a fondo, junto a sus famosos carteles, en el Palacio Gaviria hasta el 25 de febrero. Sol. G. Moreno 

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