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Más de 20 obras restauradas en el Museo de Bilbao, gracias al apoyo de la Fundación Iberdrola


Ayer se presentó en el Museo de Bellas Artes de Bilbao el programa anual Iberdrola-Museo de Conservación y Restauración, que permite que una serie de obras de los fondos del museo vizcaíno sean restauradas o tratadas con sistemas de conservación preventiva para mejorar las condiciones de exhibición y futura conservación de esas obras de arte. En el acto para dar a conocer las piezas rehabilitadas durante 2018 estuvieron presentes Fernando García Sánchez y Ramón Castresana, presidente y director de la Fundación Iberdrola, respectivamente; Miguel Zugaza y Mª José Ruiz-Ozaita, director y jefa del Departamento de Conservación y Restauración del Museo de Bellas Artes de Bilbao. En total se han abordado alrededor de 25 intervenciones en obras pictóricas, sobre papel, escultura y el montaje El vientre del observador (Umbral de atención) (Afterimages) de Darío Urzay (Bilbao, 1958), presentado el pasado verano y que ha requerido una gran pericia e innovación técnica.

Casi todas las obras se están exhibiendo actualmente en la exposición ABC. El alfabeto del Museo de Bilbao, excepto una copia anónima del siglo XVIII de un original perdido de Murillo, que ha recobrado su esplendor gracias a la labor de un grupo de becarias del programa Iberdrola-Museo. Junto a esta relevante aportación cabría destacar el  el Retablo de los siete gozos de la Virgen María de Pere Nicolau, fechado en 1398, y que tiene una clara iconografía gótica y está considerado como una de las más importantes piezas de la colección de arte medieval que atesora el Museo. Una obra influenciada por la pintura sienesa y del Norte, esta última recibida a través del germano Marçal de Sax. La intervención ha consistido en la consolidación puntual de la materia pictórica, la limpieza del estrato superficial, el estucado y la reintegración cromática de lagunas.

De la misma época, aunque de autor anónimo de escuela española, es La Virgen y San Juan al pie de la cruz, dos tallas en madera policromada en las que suscita atención el cuidado en la talla de las vestimentas y la gestualidad contenida de los personajes. La gestualidad describe la aceptación del sacrificio, pero la riqueza cromática, que aporta elegancia al conjunto, atenúa el dramatismo. Y junto a esas tallas, cuatro tablas del siglo XV de escuela aragonesa, que muy probablemente formaron parte de un retablo dedicado a San Bartolomé, incluyendo su presencia ante el emperador, su predicación, su martirio y su decapitación, todas ellas al temple y realizadas en el periodo 1450-1480.

De la sección de obra sobre papel, se han intervenido un retrato a la acuarela fechado en 1833 de Juan Barroeta Lecanda, Retrato de don Evaristo Echave. Lecanda fue uno de los principales retratistas de la burguesía vizcaína de la primera mitad del siglo XIX y en esta aguada representa a un miembro de la milicia nacional que luchó contra las tropas carlistas durante el primer asedio de Bilbao en 1835. Y no conviene olvidar los quince dibujos alegóricos de Roberto Laplaza, de los que se expone Descanso de Venus (1875). Por otro lado, y dado el valor artístico y testimonial, también se ha acometido la restauración del dibujo de José María Ucelay fechado en 1957 en el que retrata al historiador y crítico de arte José Camón Aznar con un ejemplar de la revista de arte Goya, fundada por él mismo, y un velado homenaje al escultor Francisco Durrio. Este dibujo revela la meticulosidad de Ucelay y ese gusto por la línea para fijar los objetos que nos hablan de los logros académicos de Camón Aznar. Tanto este dibujo como la acuarela de Lecanda es la primera vez que se exponen desde su adquisición y donación respectivas.

Y por último, la obra anónima del siglo XVIII La caridad romana, copia original de un original de Bartolomé Esteban Murillo desaparecido actualmente, que representa un episodio de la fábula pagana de la caridad romana, contenida en el libro Factorum et dictorum memorabilium libri IX, la compilación más antigua de exemplos que se conoce, escrita en el siglo I a. C. por Valerio Máximo. De la obra original de Murillo se  conserva un grabado de traducción realizado en 1809 por Tomás López Enguídanos. El tratamiento de limpieza se ha realizado en diferentes fases, eliminando, en primer lugar, la suciedad superficial, a continuación, el barniz oxidado y finalmente los antiguos repintes. Y ha concluido con el estucado, la reintegración cromática de las lagunas y el barnizado con una resina cetónica de bajo peso molecular.

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