Manuel Benedito, unificado tras años de dispersión

Manuel Benedito, unificado tras años de dispersión

La Fundación Manuel Benedito culmina las actividades del 150º aniversario del nacimiento del pintor valenciano con una ambiciosa publicación en dos volúmenes que sistematiza, por primera vez, su vasta producción. Este catálogo razonado, dirigido por Pascual Masiá y que cuenta con casi 2.000 referencias, nace con la intención de convertirse en obra de referencia para investigadores, conservadores de museos y el mercado del arte.

A Manuel Benedito se puede llegar por distintas vías. Se le puede identificar por ser el único discípulo reconocido de Joaquín Sorolla o por haber retratado hasta en 11ocasiones al rey Alfonso XIII. Los apasionados  de la taxidermia, quizá reconozcan su apellido por los animales disecados que están en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid o en el de Historia de Londres, que son obra de dos hermanos del pintor.

Cualquiera de estas aproximaciones es válida, pero ahora resulta insustancial en comparación al corpus artístico y documental que se ha puesto al alcance de museos, colecciones públicas y privadas, investigadores y profesionales del arte.

La Fundación Manuel Benedito acaba de publicar un catálogo razonado “con la intención de fijar en un documento la obra conocida y localizada del pintor”, como explica Pascual Masiá, vicepresidente del Patronato de la Fundación Manuel Benedito y autor del mismo. Dividido en dos volúmenes, este trabajo no solo sistematiza la amplia y dispersa producción del valenciano, también supone un avance notable en el estudio de la pintura figurativa de la primera mitad del siglo XX.

“Las obras están ordenadas cronológicamente, lo que muestra el camino recorrido, los temas tratados, las composiciones y el proceso creativo”, detalla su autor. El primer volumen registra cuadros al óleo sobre lienzo, tabla y cartón, acompañados de una imagen reciente –o fotografía histórica, cuando no existe imagen actual– y ficha técnica completa.

Manuel Benedito. 'Niño de la gallina' (1913). Colección Carmen Thyssen.
Manuel Benedito. 'Pescadoras bretonas' (1905). Museo del Prado.

El segundo volumen comprende la obra sobre papel –acuarelas, gouaches, pasteles, carboncillos y lápices–, incluidos estudios y bocetos preparatorios de obras mayores. Adicionalmente, se ofrece un registro completo de exposiciones en vida, póstumas tanto individuales como colectivas, y una cronología ilustrada con fotografías contemporáneas a cada periodo.

Respecto al origen de este ambicioso corpus, nace de un proceso de investigación iniciado hace años por el propio Masiá. “Yo venía trabajando sobre la producción de Benedito desde finales de los noventa. Después tuve que interrumpir el trabajo durante 12 años, porque me marché a trabajar fuera de España, y lo he retomado en los últimos cinco años”.

Buena parte de este trabajo se asienta sobre el archivo legado por Vicenta Benedito Muedra, sobrina e hija adoptiva del pintor valenciano, al pequeño museo de la calle Juan Bravo de Madrid. El autor del catálogo se refiere a ella como “una mujer de memoria prodigiosa, que conoció directamente el mundo del pintor y la sociedad española de su tiempo”, siendo además su colaboradora durante más de 30 años.

Conocer la verdadera dimensión de la obra de Benedito, mucho más compleja y variada de lo que en una impresión apresurada pudiera parecer”.

El investigador afirma que “es gracias a ella que se ha conservado la mayor parte de la colección particular de Benedito y algo también esencial para el conocimiento de la obra: el fondo documental que integra el archivo de la Fundación, compuesto por miles de cartas, documentos sobre las obras y un conjunto de 1.600 fotografías de la época realizadas por los mejores fotógrafos de su tiempo”.

Manuel Benedito. 'Canto VII del Infierno de Dante' (1904). Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago de Chile.

Recomendaba visitar el Museo del Prado para tomar lecciones de humildad sobre el trabajo realizado».

Todo este material, revisado y sistematizado, va a permitir “conocer la verdadera dimensión de la obra del autor, mucho más compleja y variada de lo que en una impresión apresurada pudiera parecer”. Aunque no la podemos comentar en detalle aquí por razones obvias de espacio, sí que merece la pena detenerse en algunos de sus datos biográficos.

En 1888, comenzó su formación en la Escuela de Pintura de la Real Academia de San Carlos en Valencia. Después ingresó en 1894 en el taller de Sorolla en Madrid, a quien había conocido por mediación de su padre. Por último, pasó cuatro años en la Academia Española de Bellas Artes, en Roma, gracias a una pensión que obtuvo. Durante esta etapa, realizó obras como La infancia de Baco (1901) y Canto VII del Infierno de Dante (1904), con la que logró la primera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes.

Manuel Benedito. 'Viejos holandeses' (1909). Fundación Manuel Benedito.

Todo este acervo formativo le dio una base sobre la que construir su obra, que pronto se alejó de la manera de hacer de su maestro.

“Estaba persuadido de que había que continuar una línea con origen en la gran pintura española del siglo XVII. Y recomendaba visitar el Museo del Prado para tomar lecciones de humildad sobre el trabajo realizado”, comenta el catedrático.

El inventario también nos permite seguirle la pista en sus viajes por Europa. En Bretaña, Holanda y París, Benedito alcanzó hitos artísticos con obras como Pescadoras bretonas (1905), Viejos holandeses (1909) y su reconocido retrato de Cléo de Mérode (1910).

Manuel Benedito. 'Cléo de Mérode' (1910). Colección Banco Santander.

Autorretrato con «La vuelta del trabajo» es un cuadro en el que están los dos mundos, el de su formación y el que va a emprender a partir de ese momento».

Resulta relevante mencionar que el catálogo también documenta cuadros en paradero desconocido, registrados gracias al archivo fotográfico personal del artista. Afortunadamente, algunos han aparecido durante estos años, como Autorretrato con La vuelta del trabajo de 1905, recientemente adquirido por el Museo del Prado.

“Me parece que es una obra muy importante porque, además de su calidad, creo que señala el comienzo de la trayectoria pictórica de Benedito, progresivamente alejado del luminismo. Es un cuadro en el que están los dos mundos, el de su formación y el que va a emprender a partir de ese momento”, argumenta Masiá.

Por ejemplos como ese, el investigador constata que este es un trabajo que aún no está terminado, pues desde que cerraron el catálogo, hace solo unas semanas, han aparecido cerca de 20 cuadros de los que no tenían noticia o estaban desaparecidos. Uno de ellos salió el mes pasado en Gijón, Del Albaicín (1914), expuesto en 1915 en la Nacional de Bellas Artes y reproducido en revistas como La Esfera. Hasta ahora no había sido posible verlo más allá de sus reproducciones.

Para el investigador “esto significa que hemos de continuar la labor para, en un plazo razonable, sacar a la luz una ampliación del catálogo con nuevas incorporaciones o con la imagen de aquellas obras que sabemos pintó, pero de las que no tenemos fotografía”. Nerea Méndez Pérez

Manuel Benedito. 'Autorretrato' (1905). Museo del Prado.
Manuel Benedito. 'La vuelta del trabajo' (1902-1904). Museo Bellas Artes Asturias.