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 MALÉVICH EN MÁLAGA

El padre del Suprematismo es el protagonista en Málaga este otoño. El Museo Ruso acoge una colección de pinturas procedentes del Museo Estatal Ruso de San Petersburgo que configura la recopilación más completa de su obra, donde 16 de las piezas son inéditas en España. 


El recorrido resume la trayectoria creativa inicial de Malévich, la invención del Suprematismo como expresión innovadora de su percepción del mundo mediante un lenguaje abstracto y, finalmente, el desarrollo y la introducción de lo figurativo en su estilo particular que él llamó ‘Supronaturalismo’.

Revolucionó la cultura occidental proponiendo un camino diferente para el futuro del arte: pretende romper con el pasado, purificar la vida de todo lo anterior y empezar un nuevo desarrollo; anteponer el presente a todo lo conseguido en el pasado, sin quitarle valor a este. Para ello, el artista “parte de cero” con las formas. Así concibió obras como Cuadrado negro y Cuadrado rojo, pinturas definitorias del suprematismo. Tras la revolución rusa, Malévich adopta nuevos principios donde el contenido sociopolítico subyace en la mayoría de sus composiciones. Será entonces la creación de ese supronaturalismo, donde la figuración juega un papel importante sin abandonar la geometría que caracteriza su estilo. A mediados de los años 20 Malévich, que no podía permanecer indiferente a una situación sociopolítica cada vez más difícil, el nuevo régimen despojaba al campesinado de su bienes y esto al artista le afectó especialmente, por lo que su arte evoluciona para encerrar un contenido de empatía social. El pintor tenía una filosofía firme: el artista debía reflejar la vida con realismo, que no necesariamente se consigue con naturalismo. Por eso empieza con la figuración de obreros y campesinos, siempre en su línea abstracta y geométrica. El fondo sigue siendo abstracto en sus primeras composiciones de esta etapa, aunque poco a poco se irán intuyendo paisajes de campos y cielos en alguna de sus creaciones como Cabeza de campesino (1928-1929).

El artista ruso no abandonó los planteamientos sobre estos “cambios” de estilo hasta el final de su vida. Retrato de la mujer del artista, el Autorretrato son ejemplos de las obras terminadas en este ciclo, Malévich volvía a marcar distancias con el realismo soviético, ahora volviendo a la estética del Renacimiento para crear imágenes elevadas e impersonales de sus contemporáneos y de él mismo.

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