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Los paisajes errantes de Thomas Nölle, en el Museo del Romanticismo

El centro madrileño presenta una decena de imágenes del autor alemán, que reflexiona sobre la poética y la subjetividad de la fotografía en su proyecto «By the Way», concebido casi íntegramente a través de una ventana.


Por el camino. Literalmente. Así es como Thomas Nölle ha creado su último trabajo. El planteamiento inicial resulta aparentemente sencillo: montarse en un vehículo, abrir los ojos, mirar alrededor y disparar su cámara en el momento justo para captar el paisaje a más de 100 kilómetros por hora. Repite lo mismo una, dos, tres y hasta 20 veces. “Pero no más”, porque no dispara indiscriminadamente sino con criterio. El resultado de este curioso experimento son unas obras desdibujadas, casi abstractas, donde se adivinan árboles, nubes o vías de tren como apariciones fantasmagóricas.

De modo que las instantáneas que capta con su cámara Sony son efectivamente eso: flashes de apenas un microsegundo. Tomando como punto de partida una ventana en movimiento –como la de un coche, un tren o un avión–, desarrolla un discurso que desafía la objetividad estética del realismo recurrente en la fotografía contemporánea. De hecho, tiene mucho más que ver con la pintura y con el paisajismo romántico alemán (también influye el hecho de que sean impresiones sobre papel de algodón, material que potencia las texturas).

Lo cierto es que ese ‘experimento’ inicial esconde un sentido metafórico. En un mundo dominado por las prisas, la inmediatez y el ansia de inmortalizar con la cámara absolutamente todo nuestro entorno sin visualizarlo antes con nuestros propios ojos, Nölle acepta formar parte de la vorágine de la vida moderna; sin embargo, huye de la carga documental y de la escenificación realista. No busca la reproducción fiel de la realidad, sino la subjetividad del paisaje. Por ejemplo, la belleza abrupta de una tempestad de arena en Barcelona, el fluir taimado del Tajo bajo un puente de Lisboa o el cielo sublime de Badajoz.

“Nölle es heredero de Friedrich y Turner”, explica Claudia Giannetti, comisaria de la muestra By the Way. Su producción podría enmarcarse, por tanto, dentro del Neorromanticismo. Por eso no extraña que haya elegido precisamente el Museo del Romanticismo para presentar lo que él considera un “fotoensayo”. Este comenzó a gestarse en 2008, cuando se interesó por el dinamismo de su entorno y exploró la relación entre la fluidez del movimiento de la cámara y lo efímero del gesto lumínico. Una década después, el autor comparte sus fotografías –y sus emociones– con el público, que se sumerge en esos paisajes errantes y percibe en ellos la fugacidad de la vida.

Thomas Nölle (Soest, 1948) comenzó a fotografiar cuando tenía 14 o 15 años, fecha en la que organizó su primera exposición. De manera simultánea, aprendió también a pintar. Ha cultivado ambas disciplinas, además de la instalación, ensamblaje y videoarte, hasta que los problemas de corazón le obligaron a dejar el pincel, hace ya diez años. “Usaba productos químicos”, explica. Desde entonces se ha dedicado en exclusiva a la cámara, que utiliza como herramienta artística para explorar el movimiento, la luz y la velocidad.

La exposición By the Way podrá visitarse hasta el 15 de abril. Sol G. Moreno

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