LOS GOUACHES INÉDITOS DE BORES PARA EL POEMA DE POE ‘EL CUERVO’ SE EXPONEN EN EL THYSSEN

LOS GOUACHES INÉDITOS DE BORES PARA EL POEMA DE POE ‘EL CUERVO’ SE EXPONEN EN EL THYSSEN

LOS GOUACHES INÉDITOS DE BORES PARA EL POEMA DE POE ‘EL CUERVO’ SE EXPONEN EN EL THYSSEN

Son 12 gouaches los que el Museo Thyssen-Bornemisza presenta en la exposición Francisco Bores. Gouaches para ‘El cuervo’ de Poe, ubicada en la primera planta de su espacio conocido como el Balcón. El artista los creó en la primera mitad de los 60, para ilustrar el poema El Cuervo (1845) de Edgar Allan Poe. Inéditos hasta fechas recientes, se dan a conocer ahora, por primera vez, junto al lienzo de la misma época, Paisaje de verano (1965).

A diferencia de los ilustradores más famosos del poema de Poe, como Édouard Manet o Gustavo Doré, Bores elimina cualquier elemento narrativo. Sus imágenes del cuervo solo o en compañía de Eleonore; recuerdan las del pintor simbolista Odilon Redon, pero con un lenguaje más lírico y sensual.

Francisco Bores. “El cuervo”· Gouache y collage. Colección particular.

Bores se acerca a la abstracción pero sin renunciar a la realidad visual. Con la técnica del gouache obtiene la máxima expresividad. Frente a sus óleos, de elaboración más cuidada, prefiere experimentar. La transparencia y la cualidad mate del gouache le permiten conseguir una luminosidad tenue y equilibrada. El artista se muestra fiel a su convicción de que “ la verdad debe expresarse a media voz”.

Francisco Bores nació en Madrid en 1898 y se formó en la academia del pintor valenciano Cecilio Pla. Desde 1922 ilustró varias revistas entre ellas la prestigiosa Revista de Occidente, dirigida por Ortega y Gasset. Su primera gran exposición fue la titulada Artistas Ibéricos (1925). Poco después, ante el desinterés que notó por parte del público madrileño por el Arte Nuevo, se marchó a París en donde residió hasta el final de su vida.

En sus primeros años en esa capital utilizó un lenguaje cubista y hizo suyo el método de trabajo “deductivo” de otro gran pintor madrileño: Juan Gris. Más tarde, será el surrealismo lo que llame su atención y, tras una visita a la Provenza en 1929, recoge la herencia impresionista . Por aquel entonces fue cuando confesó que “le ahogaban las composiciones cubistas y que sentía deseos de abrir las ventanas para darle al cuadro respiración”. Consideraba el arte como un acto sensual, como “una fruta que saboreamos con los dedos y cuya su piel se identifica con la nuestra.”

El final de los 40 y principios de los 50, son los años que se consideran “periodo fructífero”. Gracias al buen momento económico que le llegó pudo dedicarse, de manera intensa, tanto a la pintura como a la reflexión sobre su labor artística. Su interés por la luminosidad y la transparencia espacial le llevan a una pintura cercana a la abstracción, pero sin renunciar a “la verdad visual”. De hecho la pintura fue para él ante todo “un medio para conocer el mundo exterior y en particular las relaciones de orden espacial que no se pueden explicar más que por el lenguaje pictórico”.

Abierta hasta el 5 de febrero de 2017. MPR

Francisco Bores. “El cuervo”. Colección privada.
Francisco Bores. “Paisaje de verano”. 1961, óleo sobre lienzo. Colección privada.
Francisco Bores. “El cuervo” 1960-1961. Gouache y collage. Colección privada.