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Lo que existe detrás de su teléfono. Futuros posibles del Edificio Telefónica

En el tercer y último artículo de esta serie, Jorge Gabaldón y Néstor Montenegro proponen un ejercicio sobre el imaginario que se puede descubrir del edificio de Gran Vía y las posibilidades que alberga, pero también una reflexión sobre qué soñamos que podría deparar esta construcción, asumiendo su relación privilegiada con la ciudad de Madrid.


El Edificio Telefónica de Gran Vía se ha quedado pequeño para albergar los órganos de gestión de la compañía concentrados en la capital.

Aun manteniendo cierto carácter representativo –algunos altos cargos conservan a día de hoy despachos en la planta novena–, este edificio pasó a un segundo plano a comienzos del siglo XXI, en el organigrama de espacios que ofrecen soluciones frente a las necesidades diarias de la compañía.

Precisamente la construcción de una nueva sede, el Distrito C o Distrito Telefónica, refuerza esta idea de obra vaciada de su función principal. La propia web de la multinacional define así su nuevo centro neurálgico: “Distrito Telefónica nace de la decisión de la compañía de unir en una misma sede administrativa los distintos recursos.

Los edificios cubren una superficie de 140.000 metros cuadrados y están unidos por una marquesina que sostiene la mayor planta productora de energía solar, sobre cubierta, de Europa”.

Esta descripción, por supuesto, así como las apuestas por un estudio de arquitectura de renombre para el proyecto –Rafael de La-Hoz– o los materiales y sistemas constructivos escogidos, junto con la manifestación de las altas prestaciones energéticas, albergan un gran simbolismo e importancia en la proyección del futuro de Telefónica.

La pregunta que se plantea entonces es cuál debía ser el nuevo uso del edificio de Gran Vía o incluso si merecía la pena mantener en propiedad dicha construcción. No sería hasta 2012, fecha en que termina la rehabilitación de las plantas baja y primera donde se ubica el Espacio Fundación Telefónica, cuando se respondería de manera contundente a esta pregunta: el objetivo es revalorizar el edificio y potenciar la presencia de la compañía en un eje de gran relevancia para la ciudad, mediante la incorporación de nuevos usos que muestren otros aspectos relevantes, sociales o culturales del día a día.

Su apertura parcial al público, con la creación de un espacio cultural diseñado por Moneo Brock Studio, consolida esa respuesta. Se trata, por tanto, de un diseño museístico de acceso libre que asegura la apertura de la Fundación al exterior y, al mismo tiempo, da visibilidad a la empresa, revalorizando el icono de la Gran Vía.

Sin embargo, y después de esos últimos movimientos: ¿Qué deparará el futuro al Edificio Telefónica? Podemos intuir dos hipótesis de trabajo principales. Por un lado, se puede considerar el supuesto de que el edificio dejara de formar parte del patrimonio de la empresa. Es una hipótesis confusa, que sin embargo ya tiene reflejo en otros edificios de importancia y simbolismo homólogo como pueden ser el Edificio BBVA de Castellana o el Edificio Iberia de Avenida de América. La construcción cambia de propietario, pero mantiene la nomenclatura, la señalética y el aspecto exterior, incluido el reloj. Cabe destacar una anécdota asociada al respecto: de color rojo desde 1967, cambió a color azul en 2013 por criterios asociados a la marca Telefónica, evitando así ser confundido con el tono rojo de su competencia más directa.

Por otro lado, y quizá esta hipótesis parece ser más viable, el edificio podría continuar formando parte del patrimonio de la empresa, abriéndose así varias líneas de actuación o no-actuación posibles. En línea con la apertura del edificio a la Gran Vía y sus viandantes, sería de interés la consideración de la apertura de las cubiertas al uso público, tal y como en origen planteó el propio arquitecto Ignacio de Cárdenas. Habría que estudiar el acceso únicamente al visitante o incluir servicios de restauración en cubiertas, en línea con un movimiento contemporáneo habitual en esta y otras grandes ciudades europeas.

En la misma línea, se podría plantear el desplazamiento total del resto de usos vinculados a la telefonía todavía existentes para dejar espacio a fundaciones que están vinculadas con la entiendad y refuerzan ese eslogan inicial de “lo que existe detrás de su teléfono” que da título a este artículo. Tal y como la Fundación constituye un enclave cultural de gran importancia en la ciudad y Wayra –en la octava planta del actual edificio– es una iniciativa destinada al desarrollo de start-ups vinculadas a Telefónica, se podría entender el ‘nuevo’ Edificio Telefónica como un enclave tecnológico y cultural activador social del Madrid del siglo XXI.

Con estas intervenciones se potenciarían los valores arquitectónicos con los que la obra fue creada, desde la representatividad hasta los sistemas de circulaciones y espacios abiertos que se reproducían en las distintas plantas, como hecho diferencial frente a los lineales y compartimentados edificios de oficinas de la época. Poniendo así en un lugar destacado todos aquellos aspectos positivos que históricamente ha supuesto esta emblemática construcción.

Pero quizá podemos soñar también con sistemas de intervención más particulares, en un afán por remarcar su valor simbólico. Hoy entendemos un edificio como el objeto susceptible de trasladar información a aquellos con quienes convive, que lo observan y lo utilizan; un objeto capaz de ser entendido como obra artística, en tanto en cuanto forma parte de un sistema de generación de pensamiento contemporáneo.

Existe un antecedente claro de intervención sobre él: la Noche en Blanco. En sus sucesivas ediciones, el edificio que nos ocupa ha sido utilizado por artistas nacionales e internacionales que, con sus propuestas, singularizaban la visión sobre aquellos aspectos que la arquitectura no es capaz de transmitir. Las sucesivas intervenciones de Chema Madoz o Eugenio Ampudia en edificios del eje de Gran Vía durante la Noche en Blanco de 2008, nos ponen sobre aviso de la estupenda intervención de Lang/Baumann sobre el propio Edificio Telefónica.

Entonces, ¿por qué no soñar la cesión del espacio interior a la ciudad, a modo de plaza, con el mantenimiento único de las fachadas, al estilo de una serie fotográfica de Zacharie Gaudrillot-Roy u obras deconstructivas como las del autor americano Matta-Clark? ¿O por qué no suponer la utilización de la fachada como un lienzo en el que Christo u otros artistas como la sevillana Coco Capitán o el barcelonés Ignasi Monreal podrían intervenir?

Como en otros lugares europeos, la intervención artística o arquitectónica anual de un espacio singular genera un peregrinaje para su visita, fotografiado y comunicación. Lanzar el Edificio Telefónica como objeto de estas intervenciones le posicionaría en un contexto internacional a la altura de su relevancia histórica y arquitectónica.

De la misma manera que la versátil organización interior ha permitido una buena adaptación del edificio a las restauraciones y sus cambios de uso, no cabe duda de que los futuros cambios que acaezcan tendrán cabida en su funcionamiento y dinámica, así como en la relación con su entorno y su carácter simbólico. Jorge Gabaldón y Néstor Montenegro

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