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ALBINO. © Ana Palacios.

“LAS PERSONAS ALBINAS EN ÁFRICA SUFREN UNA ESTIGMACIÓN SOCIAL DESDE QUE NACEN”, ANA PALACIOS

Tras su publicación Art in Movement del año pasado, la fotoperiodista Ana Palacios presenta nuevo libro este jueves 30 de junio en la Central del Museo Reina Sofía. Este volumen se titula albino y encierra el mismo objetivo que su último libro: utilizar la fotografía como herramienta para el cambio. Un proyecto artístico y a la vez solidario que, según nos explica la propia autora en una entrevista, busca hacer visibles las esquinas rotas del mundo, así como proponer una idea para frenar las desigualdades económicas, sociales y humanas del tercer mundo.

*¿Qué le hizo decantarse por el fotoperiodismo documental de motivación solidaria?

* Me licencié en Periodismo pero siempre quise trabajar en cine. He estado 15 años trabajando en producciones extranjeras rodadas en España, coordinando hoteles, viajes y transporte de mercancías. En películas con mil personas de equipo técnico y artístico a veces no era tan sencillo, pero a mí me encantaba el trabajo. Fueron años en los que satisfice las excentricidades de la industria del cine. Después, con el paso del tiempo, sentí que necesitaba hacer algo que tuviera algo más de transcendencia. Así que en 2010, cogí la cámara, desempolvé la pluma y visité las misiones de las Anas en India durante tres meses. Orfanatos, mujeres desahuciadas, niños enfermos de SIDA, viudas de víctimas del tsunami… conocí un mundo que me pareció tremendamente injusto. Eso me empujó a seguir conociendo esas realidades que no ocupan las primeras páginas de los periódicos, pero que merecen ser contadas. Me propuse conocerlas, entenderlas, compartirlas e intentar generar un cambio. De repente sentí que mi trabajo sí tenía un sentido.

* Las imágenes de albino se han tomado en Tanzania. ¿Cuánto tiempo le ha llevado el proyecto? 

albino surge de condensar cuatro años de trabajo documentando a esta comunidad tan vulnerable. Tres viajes a distintos puntos de Tanzania, cuatro exposiciones y casi una veintena de reportajes publicados sobre el tema; merecía la pena unirlos en un solo discurso para visibilizar que el verdadero enemigo de estas personas es el sol.

* Usted ha experimentado de cerca la situación de este colectivo, ¿cómo viven?

* Las personas albinas en África no pasan desapercibidas, como ocurre en otros lugares. No hay mucho nivel educativo, sobre todo en las zonas rurales, y el hecho de que sean de otro color no lo comprenden. Por eso inventan supersticiones, como que sean hijos de un hombre blanco o del demonio. Sufren una estigmatización social desde que nacen. A todo ello se añade la fragilidad de su piel ante los rayos del sol. Estas circunstancias se traducen en problemas adicionales, como la dificultad para ver correctamente y la alta probabilidad de que desarrollen un cáncer de piel si no se protegen adecuadamente –ropa de manga larga o fotoprotectores–, reduciendo su esperanza de vida a 30 años.

Por si fuera poco, en 2007 se pusieron de moda, entre los brujos, las pócimas elaboradas con partes del cuerpo de un albino. De modo que ahora también tienen que esconderse de los cazarrecompensas que les persiguen para descuartizarlos y facilitar esos ingredientes a los brujos. Según un reciente informe de la ONG Under the Same Sun, la policía ha registrado 78 asesinatos desde que comenzaron las persecuciones en Tanzania.

*¿Se encontró con algún obstáculo durante sus sesiones fotográficas?

* No, en absoluto. Me interesa convivir con las personas que fotografío durante semanas, porque me gusta conocer sus historias desde dentro e integrarme. Ellos se abstraen de que yo estoy allí haciendo fotos y se desarrollan lazos personales que son los que me unen, como un cordón umbilical, al proyecto. Esas personas son las que hacen que mis fotos y mis artículos tengan más humanidad y no parezcan una simple nota de agencia, aséptica y distante.

*En cuanto a su método de trabajo, ¿cómo hace para tomar las imágenes a los niños?

* Trabajo siempre con la luz natural que tenga el espacio. Rara vez uso flash, porque un destello recordaría de una manera brusca que estoy allí y eso rompería la naturalidad que precisamente busco. Los niños, en cuanto se aburren de posar para que les hagas fotografías, resultan perfectos, porque te ignoran y es entonces puedes captar verdaderamente su comportamiento genuino.

*Una vez hechas las fotografías, ¿hace alguna intervención o retoque?

* Mi fotografía es periodística y documental, por tanto no intervengo en la realidad de la escena, tampoco en el laboratorio, si entendemos por “intervenir“ borrar o crear elementos. Sí que ajusto la luz o rescato las sombras para facilitar así la lectura de la imagen.

*Hace años trabajó en el mundo del cine. ¿Cómo fue su relación con directores como Scott o Polanski?

* Estuve 15 años trabajando de coordinadora de producción de cine americano. Fueron años fabulosos, llenos de emociones, adrenalina y anécdotas dignas de Hollywood. Por ejemplo, he sido ayudante personal de Sean Penn en The Gunman, tuve que ir al oculista con Natalie Portman cuando participaba en Los Fantasmas de Goya y he bailado sevillanas con Liam Neeson en Palma del Río durante el rodaje de El Reino de los Cielos. Una vez, en la producción de Pompeya con Roman Polanski, en los estudios de la Ciudad de la Luz de Alicante, bajamos a comer a un chiringuito de la playa; entre los diez que estábamos en esas sillas de plástico conté 14 premios Oscar. Echo de menos a los compañeros y la incertidumbre de no saber qué pasará mañana, pero trabajar en proyectos vinculados a los derechos humanos me resulta infinitamente más gratificante. Ana Robledano Soldevilla. @ARobledano

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