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Las obras “móviles” de Soto en el Guggenheim


Las paredes de las salas del Guggenheim Bilbao se mueven solas a través de los efectos ópticos de Jesús Rafael Soto. La nueva exposición, comisariada por Manuel Cirauqui, materializa la abstracción del artista venezolano, donde se puede ver su evolución, desde su estancia en París hasta sus últimas creaciones. El recorrido presta una especial atención a los Penetrables, instalaciones interactivas que empezó a desarrollar en el año 1967. Estas grandes estructuras cúbicas hechas de filamentos colgantes de plástico o metal fueron su obsesión durante el final de su carrera. El visitante atraviesa la obra abriéndose camino entre estos filamentos, algunos de los cuales suenan al chocar entre ellos, creando una musicalidad intencionada por el autor, que siempre quiso aplicar su reflexión sobre la música a las artes plásticas. “Mi padre era un gran amante de la música” dijo uno de los hijos de Soto durante la rueda de prensa, “mi abuelo era violinista profesional, por eso mi padre heredó el gusto musical. Al llegar a Francia y adentrarse en los círculos artísticos, conoció a muchos músicos contemporáneos que se reunían para compartir ideas. Entonces descubrió una reflexión sobre la música muy aplicable al mundo de las artes” añadió. En estas instalaciones, Soto se anticipa a las nuevas orientaciones, contextuales y relacionales que tomará la obra de arte contemporánea desde los años 70 en adelante. Según el propio artista, “en los Penetrables el espectador se adentra por hilos verticales o barras que llenan la totalidad del espacio disponible y constituyen la obra en sí. A partir de ese momento, espectador y obra quedan entreverados de forma física e inextricable”.

No obstante, nuestro autor no abandonó la pintura y escultura para dedicarse a las instalaciones. En la muestra, podemos ver una evolución de sus ideas, que empezaron a solaparse durante su estancia en París. Allí se encuentra con diversos ejes de la modernidad. El primer choque fue con la abstracción, especialmente Malevich, Mondrian… por lo que su primera idea fue hacer una variación de la abstracción más dinámica. Su objetivo entonces fue activar una imagen creando una experiencia. Eso le llevó a emplear el material del plexiglás, creando un efecto óptico de movimiento de la pintura sin que lo haya realmente. Una sensación que se activa con el desplazamiento de la persona que lo contempla. De esta manera, se fue introduciendo en el movimiento del arte cinético, donde se consolidó como miembro del grupo en una exposición que hizo en una galería de París. En aquella muestra, se exponía la Semiesfera rotativa de Duchamp, algo que inspiró fuertemente a nuestro artista y le llevó por una experimentación con la forma espiral.

Otra de las confrontaciones durante su estancia en la capital francesa fue con lo amorfo y lo geométrico. Fruto de la influencia abstracta parisina, empezó con las formas geométricas, pero llega un momento en el que agota el tema y empieza a interesarse por lo contrario: lo amorfo. Con esta idea de fondo, comenzó a recolectar residuos callejeros que reciclaba como obras de arte, a las que aplicaba otros objetos de formas poco estructuradas. Lo que más utilizó fue el alambre enredado. Estas obras las enfrentaba a paneles de varillas o de líneas paralelas muy seguidas, de tal manera que pueda seguir creando el dinamismo que tanto perseguía. El resultado es el efecto óptico de movimiento, que da la sensación de que la materia de la obra se desintegra. Así fue como Soto añadiendo nuevos términos a su vocabulario.

Subrayando una concepción de la experiencia en términos de temporalidad, intensidad y participación del espectador, la exposición Soto. La cuarta dimensión ofrece una oportunidad inusitada para reexaminar la trayectoria visionaria y transformadora de este artista. La idea de una “cuarta dimensión” evoca la unidad de espacio y duración, forma plástica y experiencia en el tiempo, y es uno de los conceptos fundamentales que los artistas de mitad de siglo XX heredan de las vanguardias. Para Soto, el artista debe trabajar en un ámbito de investigación compartido con la ciencia y la filosofía.

«Soto era una asignatura pendiente para nuestro museo», afirmó Ignacio Vidarte, director del Guggenheim.

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