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La residencia salmantina de la Casa de Alba abre sus puertas

Ya es accesible para el público el Palacio de Monterrey gracias a un convenio suscrito entre el Ayuntamiento de Salamanca y la Fundación Casa de Alba. Los visitantes podrán conocer su interior y algunas de las obras de arte más significativas de la colección pictórica de la Casa.


Ha sido un año de rehabilitación en el palacio salmantino donde el equipo, encabezado por José
Javier López Martín, se ha centrado en la conservación y restauración con la mínima intervención para asegurar el mantenimiento y la integridad de la estética histórica del edificio. Especialmente de las fachadas.

Cuando se construyó, en 1539 por encargo del III Conde de Monterrey, era una de las obras civiles más representativas del Renacimiento español. Inspirado en el estilo italiano fue construido por el arquiecto Rodrigo Gil de Hontañón con la ayuda de Fray Martín de Santiago. El estilo plateresco de las fachadas ha influido en múltiples edificios de todo el mundo, configurándose así el denominado “Estilo Monterrey”. Destacan, por ejemplo, numerosos palacios hispanoamericanos y españoles de los siglos XIX y XX como el Palacio de la Diputación de Palencia, el Museo Arqueológico de Sevilla o la Academia de Caballería de Valladolid. No en vano, su estilo arquitectónico responde al máximo exponente de la corriente del plateresco, con tres cuerpos coronados con dos torres. En las esquinas superiores de los torreones figuran los escudos de armas del conde. La vivienda pasó a ser propiedad de la casa de Alba cuando la octava condesa de Monterrey casa con el décimo duque de Alba, en el XVII. En 1929 el edificio se declaró Monumento Nacional.

Este palacio completa las tres residencias oficiales de la Casa de Alba en España junto con el Palacio de las Dueñas en Sevilla y el Palacio de Liria en Madrid. A partir de ahora Monterrey abrirá permanentemente sus puertas al público no solo para el conocimiento del edificio, sino para sacar a la luz las valiosas obras de arte custodiadas que completan un auténtico recorrido museográfico. La visita empieza en el hall, decorado con tapices del XVII. Subiendo por la escalera principal, se accede a la primera planta, allí el visitante podrá admirar una escultura de Mariano Benlluire, y dos lienzos de la escuela de Canaletto el joven, sobrino del maestro, además de otros ejemplos de la escuela veneciana y napolitana. Desde este vestíbulo se llega al Salón Verde, donde resaltan óleos de Manuel Benedito y un escudo nobiliario con el blasón de Acevedo, Fonseca Ulloa y Zúñiga. En una de las habitaciones de la planta, destaca un importante retrato de Santa Teresa de Jesús, de Juan Carreño de Miranda. La Casa de Alba tuvo una relación especial con Santa Teresa, junto a este retrato se exhiben las tres llaves de su sepulcro en Alba de Tormes. Otro retrato relevante es el del Gran Duque de Alba (1567) de Alonso Sánchez Coello. No obstante, quizá lo más interesante dentro del catálogo de pinturas de esta casa son los dos paisajes que hasta 1982 eran anónimos italianos, pero tras una restauración que desveló la firma no cabe duda de que el autor fue José de Ribera. Piezas de considerable importancia en la obra del artista ya que son sus dos únicos paisajes.

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