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Juan Muñoz en Galería Elvira González.

LA REFLEXIVA ILUSIÓN DE JUAN MUÑOZ

Ayer se inauguró en la galería Elvira González de Madrid (General Castaños, 3), una exposición de Juan Muñoz (Madrid, 1953- Ibiza, 2001), uno de los artistas españoles con mayor proyección internacional de la última parte del siglo XX, que supo renovar la escultura contemporánea al resituar la figura humana como poderoso eje de su construcción de espacios y de una reflexión sobre la condición humana. Desde la retrospectiva organizada en el Reina Sofía en 2009, Madrid no acogía una exposición de Juan Muñoz.

La muestra incluye once piezas, entre esculturas, pinturas y grabados, que abarcan desde finales de los años 80 hasta el año 2001, fecha de su prematura muerte en la isla de Ibiza. En todas ellas hay un fuerte sentido narrativo que le permitía crear espacios de gran complejidad psicológica, al establecer un vínculo entre sus figuras y el espectador o entre esos espacios interiores solitarios y las personas.

En las dos pinturas que abren la exposición: Raincoat Drawing IV, una pieza de 1988-89 y otra con similar título de un año más tarde, donde Juan Muñoz interpreta con gran clasicismo esos lugares vacíos, sin personajes, pero que aluden a la soledad del hombre. O en los cuatro grabados, de trazo escultórico, donde recrea también espacios cotidianos silentes.

Juan Muñoz después de iniciar Arquitectura en Madrid, se trasladó al Reino Unido donde estudió grabado y escultura. Posteriormente viajó a Estados Unidos para continuar su formación en el Pratt Centre de Nueva York, donde conoció a Richard Serra. Artista multifacético, además de la escultura ha cultivado el dibujo, la música o incluso la literatura. Fue Premio Nacional de Artes Plásticas en el año 2000 y un año más tarde fue invitado a transformar la sala de turbinas de la Tate Modern Gallery con su montaje, denominado Double Bind (doble atadura), quizás una de sus composiciones más conocidas.

Las cinco esculturas presentes en la exposición son obras de madurez de Juan Muñoz, una de ellas de 1991, y las otras cuatro entre 2000 y 2001.  En Balcón con figura de un chino, realizada con hierro y terracota llama la atención del espectador la textura y la cara inexpresiva de esta figura oriental. En esa misma sala dialoga con otras dos esculturas: Walking with a Glove, realizada en bronce y, sobre todo, una pieza con dos figuras en resina de poliéster que están mirando a un espejo y que genera una ilusión óptica con otras obras de la exposición.

Por último, destacan otras dos esculturas: Two figures one laughing at one hanging, que no había sido expuesta nunca en España, por esa atmósfera teatral con las que Muñoz expresaba las dificultades en la comunicación humana y lo hacía con la habilidad de un ilusionista para los espectadores de su obra,  algo que también está presente en One laughing at the Other, con esas dos figuras suspendidas y sentadas, que aparentemente comparten una experiencia emotiva, pero que, en realidad, están en un equilibrio inestable y solos.

Hasta el 30 de marzo. Julián H. Miranda

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