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La joven de la perla tenía pestañas

El examen científico al que se ha sometido la célebre pintura, conservada en el museo Mauritshuis de La Haya, revela cómo Vermeer concibió la composición por capas con una imprimación de tonos marrones, perfiló el rostro de la muchacha con finos trazos negros, pintó diminutos pelos sobre sus ojos y la situó junto a una cortina verde como fondo.                                           

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La perla, esa magistral pincelada blanca que acapara la atención de esta pintura –y que de hecho da nombre a la obra maestra de Johannes Vermeer–, sigue brillando con luz propia en las radiografías y reflectografías de los expertos. Sin embargo, ahora tiene que ceder el protagonismo a otros elementos que se han descubierto en el trascurso de un estudio técnico realizado en 2018.

Hace dos años que La joven de la perla (1665) abandonó su hogar habitual: la sala 15, para ser estudiada, a ojos de público, por un equipo internacional formado por diferentes expertos de la Mauristhuis, the Netherlands Institute for Conservation+Art+Science (NICAS), el Rijksmuseum,  las universidades de Maastricht y Amberes, además de la National Gallery de Washington. Abbie Vandivere, conservadora jefe de Pintura del museo donde se conserva la obra donada por Andries des Tombe, ha sido la responsable del proyecto, cuyos resultados se han hecho públicos esta mañana.

“The Girl in the Spotlight”, así se llama el proyecto, comenzó en febrero de 2018 con la aplicación de una serie de técnicas no invasivas sobre la tela: escaneados, imágenes microscópicas, rayos X, análisis de pigmentos, etc. Dos semanas después, el estudio de los materiales obtenidos se trasladó al laboratorio.

Todo ello ha permitido conocer con mayor precisión cómo era la pincelada de Vermeer, así como los pigmentos que utilizaba (entre ellos, el azul ultramar extraído de la piedra lapislázuli, un pigmento que, en el siglo XVII, era más preciado que el oro). De igual modo, se han descubierto detalles hasta ahora ocultos, como las diminutas pestañas que el autor de Delft pintó sobre los ojos de la muchacha, conocida como la Mona Lisa del Norte.

 

VERMEER USÓ DIFERENTES PIGMENTOS, ENTRE ELLOS EL AZUL DE ULTRAMAR EXTRAÍDO DE LA PIEDRA LAPISLÁZULI QUE, EN EL SIGLO XVII, ERA MÁS PRECIADO QUE EL ORO.

Como ya ocurrió con la Gioconda del Museo del Prado, también en este caso los expertos encontraron algo oculto tras el fondo oscuro y descolorido: una cortina verde. Al parecer, Vermeer situó a la joven desconocida delante de esta tela, que fue desapareciendo paulatinamente con el paso de los siglos, las intervenciones posteriores y sucesivas restauraciones.

Algunas de las imágenes obtenidas revelan incluso ciertas líneas diagonales y variaciones de color que sugieren los pliegues de una tela sobre la esquina superior derecha del cuadro.

Con respecto a la composición de la escena, cabe señalar que el artista comenzó pintando una capa subyacente con tonos marrones y negros. Después perfiló el rostro con finas líneas negras, aunque luego hizo modificaciones sobre el cuello y la oreja de la muchacha, además de alterar la parte superior del pañuelo, como muestran las imágenes infrarrojas.

Lo cierto es que antes ya había pintado esa cortina verdosa recién descubierta, pues el pintor trabajó sistemáticamente desde el fondo hasta el primer plano. Los últimos elementos que pintó fueron la chaqueta amarilla y el pañuelo, además de la perla, hecha a base de toques traslúcidos y opacos de blanco plomo (puro alarde pictórico, si tenemos en cuenta que en realidad no hay ningún gancho que una este supuesto pendiente con la oreja).

El presente estudio sirve, por tanto, para conocer un poco más el modo en que Vermeer pintó a esta Joven de la perla, una muchacha desconocida que se ha convertido en todo un icono para la historia del arte. SGM

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