LA GEOGRAFÍA HUMANA DE VIVIAN MAIER

LA GEOGRAFÍA HUMANA DE VIVIAN MAIER

Self-portraid.Undated. ©Vivian Maier/Maloof Collection. Courtesy Howard Greenberg Gallery. New York

LA GEOGRAFÍA HUMANA DE VIVIAN MAIER

En la historia de la fotografía y de otras disciplinas artísticas hay numerosos ejemplos de creadores de excelencia, que han llevado una labor callada pero muy fructífera y que descubrimos una vez que nos han dejado. Uno de esos casos recientes fue la fecunda trayectoria fotográfica de  Vivian Maier (Nueva York, 1926-Chicago, 2009), de la que ahora se expone una retrospectiva en la Fundación Canal, dentro de PhotoEspaña 2016, y que nos revela una mirada precisa y humana de los personajes que han poblado las grandes ciudades norteamericanas en la segunda mitad del siglo pasado.

No deja de sorprender que esta gran apasionada de la fotografía, que alternó con su profesión de niñera, fuera una desconocida para el gran público, a pesar de haber realizado más de 100.000 fotografías durante más de 50 años pero que no expuso ni compartió con nadie. Sólo accidentalmente y tras su muerte fue encontrado su archivo, que fue adquirido por John Maloof, un joven estudiante que buscaba fotos para documentar un trabajo sobre su barrio. A partir de ese hallazgo se admiró el talento de Vivian Maier, que se convirtió en un referente mundial de la fotografía.

Chicago-IL-January-1956. ©Vivian Maier/Maloof Collection. Courtesy Howard Greenberg Gallery. New York.
Self-Portrait. Undated. © Vivian Maier/Maloof Collection. Courtesy Howard Greenberg Gallery. New York.

La muestra Vivian Maier. Street Photographer reúne 120 fotografías, la mayoría en blanco y negro y algunas de última época en color,  y nueve películas en Super8 y el espectador contempla cómo era al ambiente de dos grandes ciudades norteamericanas: Chicago y Nueva York. En todas las instántaneas seleccionadas por Anne Morin, comisaria de la exposición y directora de diChroma photography, encontramos una delicada manera de mirar a los personajes que capta con su cámara y un lenguaje visual innovador al fijar sus ojos sobre los suburbios y las calles de dichas ciudades, que enlazan su obra con la de maestros como Robert Frank, William Klein o Garry Winogrand, entre otros.

Una figura fascinante que ha triunfado con su verismo después de su muerte, que comenzó a fotografiar con una Kodak Brownie a finales de los años 40 y que no dejó de tomar imágenes hasta poco antes de morir.

El recorrido se estructura en seis espacios: Infancia, Retratos, Formalismos, Escenas de calleAutorretratos y Fotografías a color. Todos esos ámbitos constituyen un original paseo en observación a través de historias humanas que tienen como protagonistas a niños, jóvenes, ancianos, vagabundos, trabajadores o personas acomodadas, entre otros, a los que les unía tener algo singular en su gesto, lo que atrajo la mirada atenta de Vivian Maier que evoca experiencias únicas sobre ellos.

Untitled.c,1950. © Vivian Maier/Maloof Collection. Courtesy Howard Greenberg Gallery.New York

En Infancia, quizás debido a su trabajo como niñera, se observa la empatía que tenía con los más pequeños, que se convierten en el núcleo central, ya sea solos, en grupo o bien acompañados por adultos, siempre estableciendo un vínculo entre los personajes fotografiados, y lo hace descubriéndonos rincones , lugares y personas anónimas de la gran ciudad. Mientras en la segunda parte, Retratos, captaba con su cámara a mujeres, ancianos e indigentes como imágenes de la vida cotidiana y lo hacía de un modo espontáneo pero también estableciendo un contacto más personal con los modelos. Vivian Maier supo fijar con sencillez tanto a personas normales o marginales con otras más acomodadas. En muchas de ellas imprimía o reflejaba su rostro sobre las personas que estaban fotografiando por lo que eran un híbrido entre el retrato y el autorretrato.

Armenian woman fighting, September, 1956, Lower East Side, New York. © Vivian Maier/Maloof Collection. Courtesy Howard Greenberg Gallery. New York.

En Formalismos se incluye una selección que revelan su obsesión por el acto de fotografiar, sin preocuparse en ocasiones del discurso. Se pueden ver en estas imágenes su preocupación por el encuadre, el equilibrio compositivo hasta llegar a un cierto minimalismo, lo que da paso a sus Escenas de calle, quizás el apartado que mejor definió su estilo, con esas vistas arquitectónicas y de la vida urbana en Chicago y Nueva York. La calle termina convirtiéndose en un teatro y las imágenes un pretexto para extraer la belleza de lo ordinario, a través del contacto con el otro, al que confería toda la relevancia de la escena callejera. Aquí se ve su atracción por las pequeñas cosas hasta convertirlas en algo excepcional.

La quinta parte está dedicada a los autorretratos, género que marcó su trayectoria por la experimentación constante y el proceso de introspección. En ellos juega con reflejos y elementos espaciales hasta conseguir composiciones en las que inserta su figura o rostro. Su mirada en ocasiones está perdida, pero en otras su cara se desvía del encuadre de la imagen. Tal vez fuera su modo de buscar su lugar en el mundo.

New York Public Library.Mew York. c.1952. © Vivian Maier/Maloof Collection. Courtesy Howard Greenberg Gallery. New York.

Y por último, una pequeña selección de fotografías a color, tomadas con una Leica a partir de mediados de los años 60, lo que reforzó su contacto visual con las personas a las que fotografiaba. Hay en esta secuencia una investigación cromática que se preocupa por fijar detalles chillones y por el juego de contrastes, siempre con un tono lúdico. Además se pueden ver sus películas en Súper8, que ilustran su proceso de trabajo, su intuición, su percepción de la realidad y un modo único de aproximarse a los personajes que captaba.

Hasta el 16 de agosto. Julián H.Miranda