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La Fundación Cerruti conservará la pintura de Jacopo del Sellaio robada por los nazis 

La colección italiana podrá mantener entre sus obras expuestas la Virgen con el Niño, San Juanito y dos ángeles tras haber alcanzado un acuerdo con los herederos del coleccionista Gustav Arens. La familia, de origen judío, fue una de las muchas que sufrió el expolio de sus obras de arte durante la ocupación de Francia por el régimen nazi. La dispersión de estas piezas robadas se extiende por todo el mundo, en España contamos con dos casos paradigmáticos: Rue Saint-Honoré por la tarde. Efecto de lluvia de Camille Pissarro en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza y La famille en métamorphose de André Mason en el Museo Nacional Reina Sofía.


No se ha podido hacer un cálculo exacto de cuantas obras de arte fueron sustraídas por la fuerza, intercambiadas por visados –para evitar los campos de concentración y exterminio– o adquiridas bajo presiones por cantidades ridículas por parte del gobierno alemán nazi a las familias judías alemanas, austríacas o francesas. Algunas estimaciones llegan a las 100.000 tan solo para estas últimas.

Una de las colecciones afectadas fue la reunida por Gustav Arens, un hombre de negocios austríaco. Tras su fallecimiento en 1936 su hija y heredera, Anna Unger, se vio forzada a abandonar su país de origen en 1938 con destino EE.UU. a través de Francia. Las obras tuvieron que permanecer en París y pese a los intentos para exportarlas de las aduanas donde habían sido depositadas, tras la ocupación parcial en 1940 y el establecimiento del régimen colaboracionista de Vichy en el resto del territorio francés, fueron saqueadas en 1942.

Una vez terminada la guerra pudieron recobrar buena parte de las piezas que conformaban el conjunto a finales de los años 30, pero algunas habían desaparecido. El marido de Anna pasó sus últimos años de vida rastreando, entre otros, la tabla de Jacopo del Sellaio. La familia finalmente pasó página a mediados de la década de 1960 y desistió en su búsqueda.

El paradero de la Virgen con el Niño, San Juanito y dos ángeles es una incógnita desde que fue sustraído hasta su resurgimiento en el mercado en una galería de Lucerna en 1974. Durante los siguientes años fue presentado también en Christie’s para acabar siendo adquirido por el industrial Francesco Federico Cerruti a un galerista italiano en 1987. Tras la muerte de este en 2015 su colección comenzó un proceso que culminó en 2017 con el depósito a largo plazo de las piezas en el Castello di Rivoli, sede del Museo de Arte Contemporáneo de Turín.

El proceso de catalogación que siguió esta cesión dio como resultado el descubrimiento de la procedencia de la pintura –desconocida en ese momento– tras lo cual la Fundación Cerruti se puso en contacto con el HCPO. El Holocaust Claims Processing Office es el organismo que desde 1997 se encarga de las restituciones a familias judías desposeídas y calcula que hasta 2017 había facilitado 176 millones de dólares en compensaciones y la devolución de 141 obras de arte.

A través del HCPO se comenzó una negociación de buena fe y en buenos términos que concluyó a comienzos de 2020. Se acordó una compensación económica arbitrada por Christie’s –la cifra no ha sido publicada– a pagar por la fundación a los cuatro herederos vivos de Gustav Arens. Una de ellos, Grete Unger Heinz de 94 años, declaraba su satisfacción por el pacto y por poder volver a ver esta pieza –la familia desconocía su paradero– tan querida por sus padres en la pinacoteca italiana.

En casos como este el desconocimiento por parte del actual propietario de la procedencia del bien en cuestión es clave para la resolución en uno u otro sentido de la demanda de restitución de la familia agraviada. Este matiz fue uno de los que ha llevado a prolongarse durante 20 años la reclamación por parte de los herederos de Lilly Cassirer sobre Rue Saint-Honoré por la tarde. Efecto de lluvia de Camille Pissarro propiedad del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. En este caso, Cassirer intercambió el lienzo por el visado que le permitiría abandonar Berlín en 1939, dándolo por perdido en su huída a EE.UU. En 1943 la Gestapo  subastó el cuadro sin que todavía se conozca el comprador.

Al igual que Anna Unger, Lilly reclamó la pieza en 1958 pero solo consiguió una indemnización por parte del gobierno alemán de 120.000 marcos. Para entonces el pissarro llevaba 7 años en EE.UU. Continuaría su paso por diferentes colecciones hasta que en 1976 Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza lo añadió a su colección. En 1993 formó parte de las obras que compró el Estado al barón.

A raiz de la visita de un amigo de los Cassirer a la pinacoteca en 1999 se inició un pleito que solo recientemente ha visto su conclusión (favorable al museo). El desconocimiento por parte del Estado de la historia ilícita de la pieza liberó al Thyssen de tener que desprenderse de una de sus obras más relevantes.

Una situación bastante diferente tuvo como protagonista La famille en métamorphose de André Masson del Museo Reina Sofía. El mural se encontraba en la residencia de París de Pierre David-Weill. En 1940 el coleccionista huyó de París y las autoridades alemanas hicieron de su casa sus oficinas. La obra resurge en 1985 en la Galería Burberg y tras el paso por distintas manos la adquirió la Caja de Ahorros de Madrid. Llegó a propiedad pública como dación en pago de los impuestos de la entidad bancaria en 1995.

En 1998 la historia detallada de la pintura llegaría a conocimiento del director del museo por aquel entonces, José Guirao. El exministro decidió ponerse en contacto directamente con los herederos a pesar de que según la legislación española no había ninguna irregularidad y consiguió la firma de un documento según el cual la familia de David-Weill legitimaba la presencia de La famille en métamorphose en el Reina Sofía. Héctor San José.

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