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La explosión de Beirut asola la ciudad y su panorama cultural

La deflagración ocurrida en el puerto de la capital libanesa el martes se ha cobrado al menos 145 vidas y ha dejado más de 5.000 heridos. La fuerza de la onda expansiva ha afectado a buena parte de la ciudad, con los edificios más cercanos a la zona del puerto arrasados. Este accidente y sus secuelas se suman a la delicada situación económica y social del Líbano, que atraviesa su peor crisis económica en décadas. En el ámbito cultural, el maltrecho colectivo ha sido testigo tanto de daños humanos como materiales.


Las dos explosiones consecutivas ocurridas el martes en el puerto de Beirut son el último de los embates que ha tendido que afrontar la capital libanesa. El país se encuentra sumido una crisis económica de gran magnitud y muestra una creciente inestabilidad social. A finales del año pasado, la población comenzó a protestar abiertamente en contra de la mala gestión de sus gobernantes. La política del Líbano, que siempre ha sido compleja por los equilibrios de poder que son necesarios para la gobernabilidad, ha sido acusada de opacidad y corrupción también por otros países.

Francia –por su relación histórica con el país del levante mediterráneo– contribuirá con aportaciones económicas que irán dirigidas a las ONGs, sin que puedan ser controladas por el gobierno. De esta manera, ha supeditado su colaboración con las autoridades a un profundo cambio institucional. Si bien la ocasión parece propicia para que se acometan por fin estas reformas, las perdidas humanas y materiales son una herida herida que tardará en curar.

Tal y como contaba The Art Newspaper, el que se dibujaba como un floreciente ámbito cultural –a pesar de las adversidades– difícilmente podrá recuperarse en el corto plazo. Varios de los enclaves artísticos más relevantes de la urbe se encontraban lo suficientemente cerca del puerto como para verse afectados directamente. Destaca el caso del Museo Sursock, de vital importancia en la historia de la ciudad, especialmente durante la década de 1960. La pinacoteca, que había sido rehabilitada en 2015, ha quedado «devastada», según las palabras de su directora, Zeina Arida.

Afortunadamente, ninguno de sus empleados ha resultado herido, pero el dilema de la institución es otro: «La estructura del edificio ha sufrido gran cantidad de daños en un momento en el que el dólar está tan alto que no sé como vamos a poder permitirnos reponer el cristal de las ventanas y las puertas de emergencia. No tenemos los medios para comprar nuevos materiales» añadía Arida en declaraciones a The Art Newspaper. Parte de las colecciones también ha sufrido daños.

De igual manera, Beirut Art Fair, la feria de arte afincada en la ciudad desde 2010, contará con unas enormes dificultades para volver a la actividad normal. Con las restricciones en los viajes internacionales ocasionados por la COVID-19 su fundadora, Laure d’Hauteville, ya se había visto obligada a posponer la edición de este año hasta 2021. Ahora, con el clima de inseguridad e inestabilidad que se respirará en Beirut, será aún más complicado volver a atraer a expositores y coleccionistas. Héctor San José.

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