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JUAN CARREÑO DE MIRANDA Y SUS DIBUJOS

La Biblioteca Nacional de España acoge una muestra sobre los dibujos del pintor asturiano auspiciada por el Centro de Estudios Europa Hispánica.

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Círculo de Juan Carreño de Miranda. Apunte para una mano infantil. Segunda mital del siglo XVII. Lápiz negro, sanguina y realces de clarión. Madrid, Biblioteca Nacional de España.
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Juan Carreño de Miranda. Estudio para dos apóstoles. Hacia 1657. Lápiz negro, sanguina y realces de clarión. Madrid, Biblioteca Nacional de España.

Desde hoy y hasta el 10 de septiembre de 2017 podrá visitarse en la Sala Hipóstila de la Biblioteca Nacional la exposición Carreño de Miranda. Dibujos. Se trata de la primera retrospectiva que aborda de manera sistemática la obra gráfica del artista, poniéndola además en relación con la de los otros pintores de la corte con los que Carreño convivió como Francisco Rizi, Claudio Coello, Mateo Cerezo o Pedro Ruiz González.

Juan Carreño de Miranda (1614-1685) es sobre todo conocido por su faceta como pintor de cámara de Carlos II, el último monarca de la casa de Austria en España. Por ello se le ha asociado tradicionalmente como el retratista de la decadencia española. Con esta muestra se arroja una nueva luz sobre su trayectoria artística a través de algunos de sus dibujos más destacados, vinculados además con su faceta religiosa y con los proyectos decorativos en los que colaboró sobre todo con Rizi. Para ello trasladó a sus esbozos, a base un magistral empleo de los tres lápices –a saber, el lápiz negro, la sanguina y el clarión– elementos propios del lenguaje pictórico, definiendo las formas por medio de manchas de color y sirviéndose de contrastes lumínicos para modelar los volúmenes.

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Juan Carreño de Miranda. Cristo recibiendo el bautismo. Hacia 1670-1680. Lápiz negro, sanguina y realces de clarión. Madrid, Museo Nacional del Prado.

Carreño de Miranda. Dibujos se articula en torno a siete secciones a través de las cuales se exploran diferentes aspectos de su carrera. Arranca con su llegada a Madrid en torno a 1646 y su formación con los pintores Pedro de las Cuevas y Bartolomé Román. Una de las secciones más interesantes es la dedicada al tándem Carreño-Rizi y a las grandes empresas decorativas que llevaron a cabo entre 1659, cuando participan por mediación de Velázquez en la decoración del Salón de los Espejos, y 1671. Junto a ella, merece la pena destacar también la dedicada a Carreño como asesor artístico del X Almirante de Castilla, que atesoró una importantísima colección artística en su residencia madrileña. Una exposición, en fin, que abre nuevos caminos para el estudio de uno de los artistas más importantes de nuestro Siglo de Oro y que no deben perderse.

Como complemento se ha preparado un magnífico catálogo a cargo de la comisaria de la muestra, Cristina Agüero Carnerero. En él la especialista aborda, a través de dos estudios introductorios, la figura de Carreño no sólo a través de sus propios dibujos y de algunas pinturas y documentos, sino también en el contexto del dibujo madrileño de la segunda mitad del siglo XVII. Le acompaña un tercer ensayo a cargo de Mark McDonald, conservador de dibujos del Metropolitan Museum of Art de Nueva York. Ángel Rodríguez Rebollo

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