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Ironía y Denuncia en la obra de Rogelio López Cuenca

El Museo Reina Sofía reúne un centenar de fotografías, pinturas, instalaciones y vídeos del artista que se reparten por la tercera planta del Edificio Nouvel e ilustran el espíritu transgresor del artista frente a los diferentes lenguajes y convencionalismos.


¡Bienvenidos! Un policía de aduanas con cara de pocos amigos y la porra en la mano nos da la bienvenida desde una de las paredes del Museo Reina Sofía. Se protege con un escudo decorado con parte de las estrellas amarillas que componen la bandera de la Unión Europea, de modo que la alusión a la inmigración queda más que patente. La pieza, a medio camino entre el chiste y la denuncia, parece una declaración de intenciones de lo que vamos a ver en la primera retrospectiva de Rogelio López Cuenca.

Justo en la sala anterior, una zona acordonada con la cinta “Do not cross, art scene” impide la correcta contemplación de las pinturas. Un poco más allá, se puede contemplar un rincón lleno de extraños souvenirs como unos canconcillos decorados con uno de los personajes del Guernica o un vestido de sevillanas que reproduce el cuadro de Las señoritas de Avignon, además del típico cartel de desaparecidos donde se busca a Picasso, “pintor anticrisis”. Pero…¿qué es esto?

Es el singular, crítico e irónico universo de López Cuenca (Nerja, 1959), poeta y artista visual que examina constantemente los lenguajes relacionados con la comunicación, el marketing y los centros de poder para elaborar piezas cargadas de una ironía punzante, hasta el punto de que a veces resulta casi dolorosa de contemplar (como su fotografía de jóvenes negros caminando hacia ninguna parte bajo el lema de “Disnest World”).

Un policía de aduanas con cara de pocos amigos y la porra en la mano nos da la bienvenida desde una de las paredes del Museo Reina Sofía. Se protege con un escudo decorado con parte de las estrellas amarillas que componen la bandera de la UE

Yendo leyendo, dando lugar es el título de su retrospectiva, comisariada por el director del Reina Sofía Manuel Borja-Villel. Es la primera vez que una exposición aborda en conjunto el trabajo de las cuatro últimas décadas de Rogelio –y no muestra solo un único proyecto–, lo cual permite una lectura más completa y coherente de su producción.

Una producción que siempre pone en duda los relatos históricos oficiales y mantiene una actitud crítica frente a las instituciones, incluido el museo mismo donde ahora expone. De hecho, esa primera sala precintada como en las escenas de crímenes no es más que una invitación a la transgresión, pues plantea por qué alguien –normalmente un comisario o crítico de arte– debería decir al público lo que es arte y cómo debería contemplarlo.

En la misma línea, Bandera de Europa juega con el significado metafórico de las 12 estrellas que forman el círculo –símbolo de unidad, solidaridad y armonía entre los pueblos–, al sustituirlas por una docena de logotipos de grandes empresas. Como en otras ocasiones, Rogelio recurre aquí a los diferentes lenguajes escritos o gráficos y los transforma en un elemento de expresión para transmitir su propio mensaje.

Esa reutilización de los elementos, hecha conscientemente, demuestra la poca originalidad de la obra de arte, que no se puede entender sin un pasado ni un contexto, como señala el propio autor. “No existe la obra singular, autónoma y única. Hay que entenderla como parte de una cadena de sucesión de otras obras precedentes”.

Quizá por eso, reivindica la lectura como hecho creativo. Desarrolla un trabajo basado en la investigación artística en torno al lenguaje y utiliza la palabra, además de la poesía, como elementos recurrentes.

Entre las obras expuestas en el Reina Sofía, destaca una instalación creada específicamente para esta retrospectiva. Las islas es un proyecto concebido en colaboración con Elo Vega y hace una relectura crítica de algunos de los textos y grabados históricos relacionados con el Descubrimiento de América. La pieza posee varias pantallas de vídeo y múltiples soportes, pero el elemento que más llama la atención es la camisa hawaiana que viste cada uno de los 12 maniquíes diseminados por la sala. Sus coloridos motivos estampados sobre la tela esconden un mensaje que solo se podrá descubrir con una mirada más cercana y certera. ¡Acérquense! Podrán ver esta y el resto de piezas de Rogelio López Cuenca hasta el 26 de agosto. Sol G. Moreno

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