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Hanging Figures de Juan Muñoz en el Museo de Bellas Artes de Bilbao


El Museo de Bellas Artes de Bilbao continúa desarrollando el programa La Obra invitada, que es una magnífica ocasión para admirar obras de creadores clásicos y modernos como El Greco, Picasso, Javier Pérez, y ya en 2018 esa delicada Muchacha en la ventana de Rembrandt procedente de la Dulwich Picture Gallery, y ahora en la segunda ocasión, patrocinada por la Fundación Santander, una escultura singular de Juan Muñoz ( Madrid, 1953-Ibiza, 2001), Hanging Figures, realizada en 1997 y que una vez instalada en el hall del edificio antiguo del museo vizcaíno establece un diálogo claramente dramático con el espacio arquitectónico que la albergará hasta el 2 de junio de 2019.

El acto de presentación de este montaje en torno a uno de los renovadores de la escultura contemporánea internacional, fallecido prematuramente, ha contado con la presencia de Borja Baselga, director gerente de la Fundación Banco Santander; Patricia Arias, directora territorial País Vasco de Banco Santander y vocal del Patronato del museo; Cristina Iglesias, artista; Lucía Muñoz, hija de Juan Muñoz y de Cristina Iglesias; y Miguel Zugaza, director del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Hanging Figures se compone de dos figuras humanas (160 x 70 x 50 cm, cada una), realizadas en resina y con rasgos y vestimentas indiferenciados. Ambas están en una postura artificiosa y prácticamente idéntica, suspendidas a 4,5 metros del techo por sogas que salen de su boca. A pesar de su proximidad, la ausencia de comunicación entre ellas transmite soledad y extrañeza al espectador. El acabado monocromo en color gris acentúa esas sensaciones e incide en el carácter anónimo de los personajes.

En muchas de las esculturas y composiciones de Juan Muñoz siempre hubo una intención por representar las figuras humanas, a veces solas o bien con el juego del doble. En esta ocasión con una escala menor a la real que ayuda a que nos distanciemos del objeto artístico contemplado. La idea de ser una obra colgada y esa forma de exhibirlas incentiva la participación del espectador al mirar una imagen tridimensional en el espacio donde se exhiba.

Por todo esto, la obra está suspendida en el renovado hall del Museo de Bellas Artes de Bilbao, que acaba de cumplir 110 años desde su apertura en octubre de 1908, con ese entorno neoclásico y esa iluminación natural y cenital, que confiere una luz muy especial para acercar la obra al espectador, a través de ese diálogo de formas y materiales: el mármol del hall y la resina de la escultura de Juan Muñoz. El hecho de estar expuestas junto a una escalera permite un recorrido dinámico que altera la percepción de quién la contempla: hacia arriba, cara a cara a las dos figuras y desde arriba hacia abajo. Tres puntos de vista para una mejor comprensión de la pieza, que además incorpora un motor que hace que las dos figuras inertes roten con lentitud sobre su propio eje, lo que rompe el estatismo para mostrar un equilibrio inestable. Para lograr un montaje tan limpio ha sido esencial la ayuda de la escultora Cristina Iglesias, profunda conocedora de la obra del escultor Juan Muñoz. Julián H. Miranda

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