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FERNANDO BERMEJO: “LO MÁS ATRACTIVO DEL PAPEL ES QUE TE DEJA POCO MARGEN DE RECTIFICACIÓN”

El pintor madrileño afincado en Santander habla de sus últimos trabajos, iluminados con cajas de luz, que ahora expone en la galería Caylus

Fernando Bermejo (Madrid, 1949) es un artista que siempre ha sentido fascinación por la luz y por la naturaleza. Descubrió que le gustaba la pintura mucho antes de saber que se dedicaría profesionalmente a ello. Dibuja, pinta y retrata la realidad desde niño. “Para mí los mejores regalos eran las cajas de lápices. Me disgustaba sacarles punta porque eso quería decir que se iban gastando”, recuerda. Por eso no extraña que a los 18 años ya tuviese su propio estudio o que finalmente estudiase Bellas Artes.

En las dos últimas décadas ha añadido iluminación artificial a sus obras, que exhibe junto a cajas de luz en instalaciones llenas de claros y sombras. Son pinturas retroiluminadas que esconden alguna sorpresa, especialmente cuando se apaga el interruptor de los fluorescentes y desaparecen algunos elementos de la composición. Charlamos con Bermejo sobre este y otros detalles de su trabajo, con motivo de su exposición Pinturas sobre papel italiano y japonés (galería Caylus, hasta el 3 de julio).

– En la muestra hay pinturas con temas diferentes pero realizados con la misma técnica. El hilo conductor es la luz interior de cada pieza, que se sitúa en un espacio de total oscuridad. Expongo varias imágenes de paseantes en la playa, que es un tema que he tratado bastante. También Rosa, que curiosamente es la única que quedaba en el estudio; pensaba quedarme con ella, porque normalmente me quedo una pieza de cada serie, pero a los galeristas les gustó. Además pueden verse varias escenas de bosques…

El paisaje es una constante en su obra, ¿por qué ese interés?

– Bueno, siempre he sentido atracción por la naturaleza, me gusta interpretar lo que siento por ella. De pequeño mi padre nos llevaba al campo y yo lo disfrutaba mucho. Aunque supongo que el detonante fue mi viaje a São Paolo en 1977. Me impresionó ver cómo en las carreteras ponían vallas para contener la exhuberancia de la naturaleza. Allí en cualquier grieta del asfalto brota una ramita.

-¿Qué papel juega la figura humana en su trabajo?

-La utilizo de la misma manera que los árboles. Ambos elementos están presentes en mi trabajo de manera similar. La gente que pasea absorta en su cosas por las grandes ciudades me recuerda a la imagen de un bosque, porque al final todo está en movimiento.

– Su sello de identidad actual son las pinturas retroiluminadas. ¿Cuándo empezó a utilizar las cajas de luz?

– La primera vez que hice una obra con luz interior fue en 1994. En realidad todo surgió en el taller de una manera casual. Tenía una mesa de cristal con luces, en un momento dado puse la pintura debajo y me di cuenta de que la visión de la obra era diferente, porque se percibía el comienzo de la pieza y su proceso de ejecución. Eso me pareció muy interesante y decidí que las pinturas llevaran su propia iluminación. No quería que dependieran de la luz exterior convencional.

-¿Y qué tipo de focos usa?  

-En España suelo utilizar tubos fluorescentes de bajo consumo que no atacan el papel. En México son casi todos LED.

-¿Cómo es el proceso de creación de sus pinturas?

-Ahora mismo estoy trabajando mucho sobre papeles italianos y japoneses, aunque también pinto sobre tabla muy preparada. El proceso siempre es el mismo: empiezo tomando apuntes en un cuaderno y después traslado la idea al papel italiano. Escogí este tipo de papel porque necesitaba uno que tuviese cuerpo y que, al mismo tiempo, dejase penetrar la luz. En una primera fase pinto la composición con tintas y agua. Cuando se seca, pego el papel japonés, que es el que me aporta textura, y es entonces cuando trabajo la pintura como un carboncillo. Lo más atractivo del papel es que te deja poco margen de rectificación, cuando das una pincelada ya no la puedes anular. Y ese punto de riesgo me gusta.

– Últimamente trabaja junto al arquitecto mexicano Miguel Ángel Aragonés. ¿En qué consiste esa colaboración?  

 Con Miguel Ángel me une una gran amistad de hace casi 10 años. Sentimos mucho respecto y atracción por nuestros respectivos trabajos. Él también está interesado en la iluminación de los espacios, por eso quiere incluir mis obras en los edificios que construye. A veces me llama para que vaya a ver los espacios y le proponga cosas, otras deja directamente los huecos y me da el formato.

– El estilo realista y la monocromía de sus obras incitan a pensar que están hechas con cámara, no con pinceles. ¿Le molesta que confundan sus pinturas con fotografías?

 No me molesta, lo que creo es que no miran con atención, porque cualquiera que vea mi trabajo de cerca puede ver la soltura de la pincelada. SGM

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