Fernando Barrios Benavides, automatismo y experimentación

Fernando Barrios Benavides, automatismo y experimentación 

El joven artista presenta su obra reciente en una exposición titulada ‘Llanura amarilla’ en la galería San de Zapadores, donde aúna pinturas y dibujos hechos de manera espontánea con diferentes técnicas. Además, exhibe alguna pieza escultórica de principios de la década de 2010.  


Las composiciones de Fernando Barrios Benavides (Madrid, 1990) tienen algo de espontáneo, sinuoso y rítmico, como si fuese un trabajo constante, obsesivo. Una percepción que se confirma con las palabras del propio artista: «Trabajo sin descanso y de manera automática». Especialmente desde 2012, momento en el que el dibujo comenzó a «robarle» literalmente todo su tiempo y comprendió que aquella afición debía profesionalizarse.

Este autor plástico, ilustrador y diseñador industrial dio sus primeros pasos en el mundo del arte dentro de la escultura, con moldes hechos de arcilla o silicona, pero después se decantó por el dibujo. En el último año, ha empezado también a experimentar con la pintura, especialmente durante el confinamiento.

Precisamente estas tres disciplinas aparecen ahora representadas en su exposición de la galería San de Zapadores, una muestra que recoge sobre todo su producción más reciente, especialmente la realizada durante los últimos diez meses. Aunque también muestra obras anteriores y algún trabajo escultórico de principios de la década de 2010.

Llanura amarilla reúne 180 obras, la mayoría dibujos, que completa con varias pinturas e instalaciones. Se trata de piezas elaboradas con diferentes técnicas: carboncillos, acuarelas, ceras blandas, bolígrafo, arcilla, cemento, etc. cuyo hilo conductor es el rostro y la expresión humana.

«Experimento con la superposición de diferentes capas donde repito siempre las mismas formas, que utilizo como si fueran caracteres de un lenguaje que he desarrollado y al que he ido incorporando elementos nuevos encontrados por error en mi camino», explica Barrios Benavides, quien confiesa trabajar «de forma compulsiva y sin ninguna idea preconcebida». Para él resultan fundamentales los procesos constructivos, porque son los que realmente van definiendo la pieza. «Me gusta descubrir cosas por azar en los errores, creo que tienen una razón de ser. Al principio lo llamas error, pero luego lo usas porque ha sido un descubrimiento. Muchos de los símbolos que utilizo surgen de esa forma», asevera.

Toma como punto de partida la cara, en un intento por captar ese espejo del alma que, en sus manos, se va desdibujando mediante ojos, narices, bocas e incluso brazos cargados de expresión que altera, deforma o reinterpreta a su antojo. Sin renunciar a la figuración, el artista madrileño se sirve de manchas de color y formas orgánicas para elaborar cada una de sus obras, que no siempre tienen un significado concreto sino más bien universal.

Quizá por eso, al contemplar obras como Inicio, Desenfoque de luz, Nunca fue o Sobre mí uno cree estar ante figuras totémicas o emblemas con significados ambiguos. Porque puede que cada espectador saque su propia interpretación, pero todos identifican ese elemento alegórico que reflexiona sobre el rostro humano y sus elementos fundamentales, especialmente los ojos, tan presentes en esta exposición.

El centenar de dibujos y pinturas que cuelgan de las paredes de la galería San se completan además con un par de instalaciones, una de ellas inédita. Bestiario es una especie de rompecabezas donde aparecen superpuestos varios rostros modelados a mano en arcilla, como retazos de rostros del pasado. «Esta pieza se exhibe aquí por primera vez y tengo intención de seguir explorando esta vía escultórica». Junto a ella, varios encofrados de cemento con formas depuradas y aparentemente industriales con los que el artista juega para componer diversas caras, como si de un puzle se tratase.

Llanura amarilla puede visitarse todos los fines de semana (excepto en Navidad) hasta enero de 2021 en la galería San de Zapadores Ciudad del Arte. Sol G. Moreno