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Espacios, cuerpos y naturalezas muertas: Schmidt en el Reina Sofía

El Reina Sofía acoge con Michael Schmidt. Fotografías 1965-2014 la exposición de mayor importancia acerca de la obra del autor alemán. Esta es, además, la primera retrospectiva dedicada a la figura de Schmidt tras su muerte. Gracias a cerca de 350 fotografías y material documental, se pueden recorrer sus cincuenta años de trayectoria. El museo madrileño ha colaborado con la Stiftung für Fotografie und Medienkunst mit Archiv Michael Schmidt para la organización de la muestra.


Autodidacta y con una enorme autoexigencia, Schmidt se convirtió en uno de los fotógrafos más relevantes de la Alemania de posguerra. Su trabajo incansable no tuvo limitaciones en cuanto a los objetos de su atención: retratos, autorretratos, paisajes rurales, urbanos y naturalezas muertas, todos tuvieron cabida en su objetivo. El rasgo distintivo de su obra se encuentra en el uso que da a sus instantáneas, donde las reflexiones acerca del espacio urbano, la vigencia de la historia, la identidad femenina, el papel de lo regional y el peso de la naturaleza, son los verdaderos protagonistas.

Su trayectoria comenzó cuando trabajaba como policía en Berlín Occidental. La que sería su gran pasión nació como un hobby que se iría profesionalizando con el paso del tiempo. Ya en la década de los 70 su conocimiento del medio le permitió impartir clases en centros de formación para adultos, y en 1976 fundó el Werkstatt für Photographie –Taller de Fotografía– en la Volkshochschule de Kreuzberg, que permaneció abierto durante diez años. Ese espacio fue la puerta de entrada a muchos creadores estadounidenses que no habrían podido ser conocidos en Berlín de otra manera.

Las series, el modo de trabajo que definió su carrera, comenzaron incluso antes, a finales de los 60. Su atención fue primero hacia barrios como Kreuzberg y, a finales de los 70, Wedding. En las piezas que componen esos conjuntos se puede ver la influencia de los fotógrafos americanos y su estilo sobrio y documental. Su ciudad natal fue el objeto de su atención hasta 1989, cuando realizó 89/90 una serie que gira en torno al muro que dividió la urbe.

La reunificación alemana le llevó a prestar atención a los contextos regionales más allá de la ciudad y a finales de los 90 se sumergiría en el retrato. Fueron los más jóvenes, especialmente mujeres, vestidas o desnudas, con las que trataba de «captar la relación de las fotografiadas con su propio cuerpo, examinando cómo las normas y los ideales transmitidos socialmente afectan a la noción de individualidad”.

Su predilección por el blanco y negro no se vio alterada hasta Lebensmittel, una serie en la que Schmidt «critica los excesos de un sistema económico tristemente conocido por su despilfarro». Gracias al conjunto, el autor recibió el último premio de su carrera en vida, el Prix Pictet, solo unos días antes de su fallecimiento en 2014.

Michael Schmidt. Fotografías 1965-2014 nos acerca a uno de los creadores europeos –de un medio en ocasiones aún menospreciado– más influyentes del último tercio del siglo XX y principios del XXI. Se podrá visitar en el Museo Reina Sofía hasta el 28 de febrero de 2022.

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