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En busca del récord: un dibujo de Leonardo en Christie’s

El próximo 8 de julio se ofrecerá en la sede inglesa de la casa de subastas un dibujo de Da Vinci, Cabeza de oso, por entre 9,3 y 14 millones de euros. Se trata de una de las ocho últimas piezas de este tipo que quedan en manos privadas y se espera que se convierta en la obra sobre papel del maestro italiano más cara. El anterior récord lo ostentaba Caballo y jinete vendido en 2001 por 12 millones de euros. De ser así, solo estaría superada por el Salvator Mundi vendida por la misma casa en 450 millones de dólares.


Christie’s ha recuperado otra de las «últimas obras en manos privadas» para su subasta del 8 de julio. Ese día se presentará para su venta pública un pequeño dibujo – 70 x 70 mm– de Leonardo da Vinci con unas estimaciones de entre 9,3 y 14 millones de euros. Se trata de un estudio de la cabeza de un oso en punta de plata datada en torno a 1480 y que perteneció al pintor Thomas Lawrence y al marchante Samuel Woodburn, quien vendió la pieza a Christie’s en 1860 por 2,5 libras. Ahora, Cabeza de oso podría convertirse en la segunda pieza más cotizada de Leonardo.

Stijn Alsteens, el director del departamento de Old Masters de Christie’s a nivel mundial, lo tiene claro: «Tengo todas las razones para creer que alcanzaremos un nuevo récord en julio para Cabeza de oso, uno de los últimos dibujos de Leonardo que podemos esperar que acaben en el mercado». Posiblemente no le falte razón con su primer comentario, ya que su venta está casi asegurada con el clima de euforia que hay alrededor de Da Vinci en la «Era post Salvator Mundi», y que el anterior mejor resultado para un dibujo del maestro italiano fue de 12 millones de euros por Caballo y jinete adjudicado en 2001.

Es, en cambio, en su segundo comentario, acerca de lo improbable de que una pieza semejante vuelva a surgir para su compra, donde la publicidad distorsiona un poco la realidad. Cabeza de oso es uno de los ocho dibujos de Leonardo aún en manos privadas –sin contar la Colección Real Británica o la de los duques de Devonshire en Chatsworth–, un número muy reducido, sin duda, pero si consultamos los remates de sus obras en subasta volvemos a tener un poco de perspectiva.

Si hacemos una búsqueda rápida en cualquiera de las bases de datos que recogen estos resultados, vemos que solo hay una pintura entre ellas, el dichoso Salvator, y que lo demás son dibujos, nueve de ellos, que no incluyen Cabeza de oso. Aún teniendo en cuenta que es una de las listas más breves para artistas antiguos de primera línea, podemos comprobar cómo cada una de esas obras en papel ha cambiado de manos en los últimos 33 años.

Pensar que con el boom que está experimentando este particular mercado en los últimos tiempos –y que ha llevado incluso a la venta millonaria de copias anónimas de la Mona Lisa de hasta un siglo tras la muerte de Leonardo– ninguno de esos ocho dibujos volverá a subastarse, no es muy realista. Lo que sí es, es una técnica de marketing muy efectiva, que se aprovecha de nuestra corta memoria y necesidad de eventos únicos y especiales.

Esa estrategia probablemente no sería necesaria, es un excepcional dibujo de un excepcional artista, si simplemente se quisiese encontrar comprador. Pero esto se trata de récords y de superar a otro dibujo de mayores dimensiones y mayor complejidad compositiva como es Caballo y jinete.

Si cuando, con toda probabilidad, presenciemos un nuevo mejor resultado, será difícil saber si ha sido producto de la revalorización del mercado o de una especie de FOMO –siglas de la expresión anglosajona fear of missing out, que expresa el miedo a quedar excluido de una corriente o moda, entre otras cosas– de los grandes coleccionistas hacia la obra de Leonardo. Héctor San José.

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