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Ellsworth Kelly en Zeit Contemporary

Después de un año de reactivación y mucho trabajo, Zeit Contemporary (Nueva York) pone punto final al 2021 “con calma y gozo”. Y lo hace con una viewing room protagonizada por Ellsworth Kelly (1923-2015) que se inauguró a mediados de octubre y permanecerá abierta hasta el 16 de enero del 2022.Se titula Lilt, Joy and Clarity y se ha organizado en colaboración con Gemini G.E.L, un estudio de artistas que tuvo mucho que ver con la carrera de Kelly.


Su creatividad consiste en la búsqueda persistente de colores y formas en el soporte de la litografía, para obtener un resultado de simplicidad, claridad y perfección en la obra final.

Nacido en Newburg (Nueva York), Kelly fue llamado al frente durante la Segunda Guerra Mundial. Gracias a la GI Bill, una beca de estudios universitarios para veteranos, pudo formarse en Bellas Artes en Boston y más tarde en París, donde descubrió las raíces del arte europeo (en concreto las bizantinas y románicas). Así empezó a asentar las bases de lo que será su lenguaje único, que terminó de consolidarse a su vuelta a Nueva York en 1954, dentro de la comunidad de autores contemporáneos entre la que se encontraban, por ejemplo, Robert Indiana, Agnes Martin o Leonore Tawney.

Esta configuración que desarrolló en la capital francesa se nutrió de la estética del formalismo abstracto de las primeras décadas de los años 50. Pero no fueron sus años académicos en la escuela lo que más fomentaron su carrera, sino el contacto directo con la obra de Matisse, Miró, Calder o Brancusi. Este último, en concreto, fue el que más le marcó. Aunque no lo parezca, las formas de la naturaleza eran su primera fuente de inspiración. Él mismo expresaba su idea de arte como algo íntimamente unido a la honestidad y a la mirada desintoxicada: “La primera lección que aprendí como artista fue mirar con objetividad y borrar el significado de todo lo que veo. Solo así se puede entender de verdad la realidad de las cosas”, decía.

En un primer vistazo, es fácil encasillar a Kelly en el movimiento minimal o en la abstracción geométrica, dos tendencias muy populares en esas fechas. No obstante, ‘nada’ tienen que ver con la creatividad del neoyorquino. En los años 60 empezó a investigar con el grabado, donde trabajó muy estrechamente con Gemini G.E.L.

Su exigencia y perfeccionismo a la hora de seleccionar colores y formas quizá sea lo que mejor defina su proceso creativo. Por ejemplo, su litografía titulada Black Brown supuso un largo trabajo de cinco días que requirió, sin exagerar, del uso de tres impresoras distintas y litros –más bien, galones– de tinta. Todo porque no dio fácilmente con el exacto tono marrón que tenía en mente. Cuanto más grande era el formato de la obra, mayor resultaba la dificultad. Pero ningún reto de este estilo le frenaba, más bien al contrario, le provocaba.

A finales de los 80 decidió que quería crear un grabado de 225 pulgadas de largo (casi seis metros). Tuvieron que dividir la pieza en cuatro e imprimir las partes por separado. Es una de las litografías más grandes que se conocen en el mundo del arte.

Zeit dedica una especial atención a este aspecto del proceso creativo de Ellsworth en su actual viewing room. Con un enfoque localizado en las obras de última época, precisamente aquellas que mejor definen su carácter y donde su estilo llegó a su madurez.

Según explica Joan Robledo-Palop, CEO y fundador de la galería, “estamos encantados de colaborar con Gemini G.E.L. para ofrecer esta mirada única a la obra de Ellsworth Kelly. Dicho estudio se convirtió en el laboratorio del artista para ampliar todas las posibilidades de creación. Kelly pertenece a una generación de autores de la posguerra que entendió el arte más allá de las limitaciones tradicionales de la pintura de caballete. Es fascinante ver cómo esta motivación le impulsó a ejecutar más de 300 impresiones a lo largo de su carrera”. Ana Robledano

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