En Actualidad

EL TRISTÁN MÁS CARAVAGGISTA

Leticia Ruiz Gómez, Jefe del Departamento de Pintura Española del Renacimiento en el Prado, presenta nuevas obras en el último Ars

Luis Tristán pintó un número importante de lienzos consagrados a la figura de san Jerónimo como cardenal. Le representó recluido en su estudio, y en su solitario retiro, consagrado a la penitencia y la traducción de las Sagradas Escrituras. La huella del Greco está presente en el San Jerónimo doctor del convento de Jerónimas de San Pablo (Toledo) y más aún en el San Jerónimo de la parroquia de Santa María en Talavera de la Reina (Toledo). A pesar de ello, Tristán daría al cuerpo desnudo del anciano una solidez anatómica que remite a otros lienzos de igual tema, donde el santo penitente aparece escasamente cubierto con el manto púrpura, acompañado por el león y provisto de libros y útiles de escritura. Una iconografia en sintonía con la incorporación del bodegón como género propio en el Toledo de la época, así como con las novedades de la pintura caravaggista que el autor conoció en sus años romanos [1].

Al elenco de este grupo, podemos sumar dos nuevos lienzos. El más significativo, sin duda de mano del maestro, es el lienzo de colección privada madrileña que presenta a san Jerónimo sentado en un exterior y escribiendo sobre un infolio que sujeta en el regazo. De modo muy similar al de otros santos en retiro espiritual –véanse las diferentes versiones del san Pedro en lágrimas [2]–, aparece en primer término, desplazado hacia el lateral derecho de la composición. En el lado opuesto, apoyados en una suerte de escritorio pétreo, se despliegan dos libros. Un poco más arriba, en paralelo a la cabeza del santo, hay una calavera. La anatomía musculosa y precisa es la misma que encontramos en los abundantes crucificados pintados por Tristán, pero también en otras figuras que pueblan la producción del toledano, desde el Santo Domingo penitente del Museo del Greco o La degollación de san Juan de los Carmelitas Descalzos, al San Jerónimo en su estudio de las Jerónimas de San Pablo.

La cabeza del santo, con marcadas arrugas en la frente y poblada barba, sigue el mismo modelo que utilizó para el San Agustín que incluyó en los lienzos para el retablo mayor de la parroquia de San Benito Abad en Yepes. El dibujo del manto repite el colorido rojo, con profundas sombras en negro y el marcado trazo lineal, presente en muchas de sus obras, como el monumental San Pablo de colección privada inglesa que fue subastado en Lisboa en 2013 [3]. Pero sin duda, el elemento más sobresaliente de este nuevo ejemplar es la disposición de las piernas, plegadas en las rodillas y avanzadas hacia la derecha del espectador. Como en la composición de San Pedro arrepentido, los pies muestran un dibujo y una presencia característicos.

El mismo sello caravaggista se puede percibir en el San Jerónimo oyendo la trompeta del Juicio Final, obra conservada en el Museo del Prado como anónima del siglo XVII. Tanto el modelo como la técnica y colorido nos hacen situar esta tela en el entorno de Luis Tristán, con amplia participación del taller [4]. La tela procede del Museo de la Trinidad y, por lo tanto, de alguno de los recintos monásticos desamortizados en 1836.

La misma procedencia tiene el San Juan Bautista en el desierto, lienzo que el Museo del Prado tiene depositado en el Convento de San Pascual Bailón de Madrid desde 1872. José Álvarez Lopera consideró probable que fuera obra recogida del Convento de Trinitarios Calzados de Toledo [5]. Pensamos que es obra de Luis Tristán, quien presenta al Bautista en un paisaje de amplio desarrollo, sentado en una gruta rocosa que se abre en el lateral derecho para dejar ver otra gruta en medio de un zona de montaña y bosque. El santo es un joven de pelo rojizo, con el torso y las piernas descubiertas. Se cubre parcialmente con un manto de color carmín, en el que se dibuja un amplio juego de contrastados pliegues trazados con las características pinceladas largas del pintor. La escultórica anatomía y el modelo facial son similares al lienzo de mismo tema del Palacio Arzobispal de Toledo que, como esta tela, recuerda a Caravaggio por la disposición de las piernas y el modelado contrastado [6]. Significativamente, la disposición de esta figura, sentada con las rodillas abiertas y señalando al cordero, fue repetida en fechas similares por Bartolomé González (1564-1627) en la tela del Museo de Bellas Artes de Budapest, firmada y fechada en 1621. Por lo demás, el paisaje enlaza con el ejemplar de Juan Bautista Maíno (1581- 1649) para el retablo mayor de San Pedro Mártir (1612-14) [7], aunque el entorno elegido difiera de la tela de Tristán.

NOTAS

[1] Véanse los ejemplares recogidos en: PÉREZ SÁNCHEZ, Alfonso y NAVARRETE PRIETO, Benito. Luis Tristán, Madrid: Ediciones del Umbral, 2001, nº 93-99.

[2] Sendas versiones del Palacio Real de Madrid, la diputación provincial de Toledo o el Museo Nacional de Poznan (Polonia) muestran los paralelismos compositivos con este San Jerónimo en un paisaje.

[3] Subasta Veritas Lisboa, 27 de junio de 2013, lote 216. Del mismo Apostolado, el San Matías del Museo del Greco, desde 2014.

[4] P-3598, con medidas 107 x 82 cm. La cabeza es una repetición de algunos modelos del pintor; por ejemplo, el San Jerónimo de la parroquia de Talavera de la Reina o el san Bartolomé apóstol de La Santa Cena del Museo del Prado (P-7679). El león es una repetición invertida del animal que acompaña al santo en la tela de las Jerónimas de San Pablo (Toledo).

[5] ÁLVAREZ LOPERA, José. El Museo de la Trinidad. Historia, obras y documentos. Cat exp. Madrid: Museo Nacional del Prado, 2009, nº 210.

[6] De hacia 1605, San Juan Bautista de Kansas City (The Nelson-Atkins Museum of Art) y el ejemplar de la Galleria Corsini, Roma.

[7] P-3212, Museo del Prado.

ARTÍCULOS RECIENTES
0

Start typing and press Enter to search