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EL ESTILO PERSONAL DE SOLEDAD LORENZO


Hace tres meses se presentó en el Museo Reina Sofía la primera exposición dedicada a las mejores obras del depósito con promesa de legado de la Colección Soledad Lorenzo (Torrelavega, 1937) bajo el título Punto de encuentro que reunió un conjunto de obras muy heterogéneo de obras de artistas españoles de diferentes generaciones que supieron abrir nuevos caminos del arte en nuestro país durante las décadas que permaneció abierta la galería Soledad Lorenzo, y que en cierto modo era un lugar de diálogo entre el galerista y los artistas que expusieron sus obras en dicho espacio, desde Palazuelo y Tàpies, pasando por Soledad Sevilla, Pérez Villalta, Ángeles Marco o varios artistas vascos como Txomin Badiola, Irazu, Prego, y otros creadores como Uslé, Perejaume, Juliá o Elespe.

Ahora se acaba de presentar la segunda exposición, comisariada igualmente por Manuel Borja-Villel y Salvador Nadales con el título de Cuestiones personales, que está centrada en la recuperación en una serie de piezas que recuperan la figuración y la metamorfosis de la representación de las últimas décadas del siglo XX, fundamentalmente de los años 80 y 90 de autores tan decisivos como Luis Gordillo, Alfonso Fraile, Juan Ugalde, Jorge Galindo, Manuel Ocampo, David Salle, Tomy Oursler, Erick Fischl, Itziar Okariz, La Ribot, Georges Condo, Miquel Barceló, Victoria Civera o Julian Schnabel, entre otros. En este conjunto de obras laten cuestiones como el sujeto escindido, las políticas del cuerpo y el concepto de identidad, pero también se establecen conexiones entre los creadores españoles de este período con otros de nuestro entorno cultural e internacional, en un momento de notable internacionalización del arte español.

Tanto la muestra presentada en septiembre como la recién presentada permiten al espectador una lectura doble, por un lado generacional y cron0lógica pero también con un tono más o menos discursivo. En Cuestiones personales se exhiben 48 obras de 23 artistas de diferentes generaciones, aunando la creación española como la que se realizaba fuera de nuestras fronteras con un hilo común: la recuperación del lenguaje figurativo y las metamorfosis de la representación en el quehacer artístico de las tres últimas décadas.

Los comisarios con la inestimable ayuda de la galerista han planteado un recorrido inicial en el que encontramos un video de La Ribot y dos fotografías de la creadora norteamericana Catherine Opie, en la que ambas abordan el concepto de cuerpo como materia de consumo, un tema central en muchos artistan han enraizado su mirada en los últimos años.

Tras ese preámbulo cuelgan algunas pinturas de Alfonso Fraile y de Luis Gordillo, que son dos figuras claves para comprender mejor el retorno a la figuración de un modo diverso, porque ambos supieron sintetizar algunos elementos procedentes del informalismo, del arte pop y de tendencias geométricas, en un giro que ha proyectado nuevas alternativas a la pintura figurativa, alejada del formalismo y muy interesadas en el ámbito de la identidad.

En la siguiente sala y dentro de ese modo de entender la pintura cuelgan pero con un  contenido más transgresor, visto desde la ironía y el sarcasmo, obras de Manuel Ocampo y Juan Ugalde, que incorporan un componente más crítico que subvierte determinadas iconografías de la cultura popular y, por otro, la visceralidad gestual de Jorge Galindo.

Desde 1986 hasta su cierre hace cinco años, la galería Soledad Lorenzo fue fundamental en la difusión de determinados autores norteamericanos en España, ampliando los horizontes del coleccionismo local. Por ello, el espacio que vemos a continuación presenta a un grupo de artistas, que tras remover la escena neoyorquina con propuestas irreverentes desde la galería Metro Pictures, se suman al espacio de la calle Orfila, sede de la galería  en Madrid, con una profunda crítica a la representación y a los lenguajes forjados a lo largo del siglo de creadores como George Condo y Tony Oursler o de otros que desafiaron  determinadas formas de gusto establecido con propuestas audaces donde aparece el sujeto escindido, las políticas del cuerpo y la identidad en quiebra, como puede verse en las piezas de Erich Fischl, David Salle, Paul McCarthy.

Ese contexto de expansión se dio también en una generación de artistas españoles que tuvieron una gran proyección internacional y que resulta evidente en la síntesis matérica de Miquel Barceló, la apuesta obstinada por la autonomía de la pintura de José Manuel Broto o la pervivencia de una cierta gestualidad brava en José María Sicilia. Junto a ellos, la presencia de artistas que dotan de un carácter más impuro a la pintura-pintura, con Julian Schnabel a la cabeza, acompañado por Victoria Civera, activa en Nueva York en los años ochenta y exponente de ese retorno del lenguaje figurativo.

Del intercambio entre creadores españoles y estadounidenses en el ámbito de una promoción internacional surgió una generación de artistas que conforma la generación más joven dentro de la Colección Soledad Lorenzo, que supo abrir la galería a nuevos formatos con autores que se expresan a través del video, la fotografía, las instalaciones y las perfomances. Dos ejemplos en la escena joven española quizá sean Itzíar Okariz y La Ribot, sin dejar de lado lo que se hacía fuera de España como las apuestas del alemán  Philipp Frölich, la brasileña Adriana Varejão o la inglesa Georgina Starr. Un ejemplo del mestizaje cultural de diferentes tradiciones y propuestas visuales.

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