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El Dadá ruso y la interacción internacional


Hace ahora dos años Zurich celebraba el primer centenario del dadaísmo cuando Hugo Ball (1886-1927) creó el Cabaret Voltaire y ahí germinó el movimiento dadá, que quiso romper con el arte clásico y dotar de poesía a las nuevas manifestaciones artísticas. Ahora el Museo Reina Sofía organiza la exposición Dadá ruso 1914-1924, con la colaboración de la Comunidad de Madrid y el apoyo de Abertis. Comisariada por Margarita Tupitsyn, la selección de cerca de 500 piezas, entre pinturas, dibujos, collages, fotografías, material documental y publicaciones, y un conjunto de películas y audios del arte de vanguardia ruso, de 90 artistas, en su mayoría rusos, revela los rasgos y afinidades que tuvieron ambos movimientos, caracterizados por la agitación y un radicalismo estético que fracturó los puentes con los cánones más clásicos imperantes en ese período.

Manuel Borja-Villel, director del Museo Reina Sofía, comentó en la presentación que el arte ruso de este período preludiaba un cambio social y estético, previo a la revolución pero que después fue más acentuado. Y añadió que esta muestra forma parte de una trilogía: la dedicada a Pessoa, la del dadaísmo en Rusia y por último la que dedicarán a París en las décadas de los años 50 y 60 del pasado siglo. Por su parte, Jaime de los Santos, consejero de Cultura, Turismo y Deportes de la Comunidad de Madrid, subrayó que la vanguardia se situaba al frente de los movimientos subversivos del arte y lo impulsó a la modernidad porque suponía “la ruptura del orden y la disolución del tedio”. Por último, la comisaria de la exposición afirmó que el radicalismo estético terminó de enlazar el dadá ruso con la Revolución de Octubre de 2017, y describió en las tres partes principales en las que se estructura el recorrido cronológico de la exposición: el Protodadá y la I Guerra Mundial, el triunfo de la revolución rusa; y el Dada Bridge, que terminó siendo el puente de conexión con el resto de centro dadaístas en ciudades como Berlín y París, entre otras.

A lo largo de esta ambiciosa exposición- que permanecerá abierta desde mañana y hasta el 22 de octubre-, cuyas obras proceden de los principales museos internacionales como el Stedelijk de Amsterdam, el Centre Pompidou de París, y varios museos rusos como el Mayakovski, el Pushkin, la Galería Tretyakov, el Literario Estatal Ruso Vladimir Dahi o los archivos Estatal Ruso de Literatura y Arte o el Lafuente, entre otros. Lo más relevante de esta muestra quizá sea su carácter multidisciplinar porque así fueron las voces creativas de la época con una importancia significativa del cine, de la música y de los recitales de poesía y el diseño, además del soporte pictórico, diseño gráfico y cartelismo.  En muchas de esas composiciones no sólo hay intención política, sino también resalta la importancia de la negación, el uso de la ironía y el absurdo, en ocasiones con performances extravagantes o campañas de propaganda antibelicista. Hubo un deseo de fusionar lo visual y lo verbal. Y todo ello hizo que hubiera un aire de familia entre la vanguardia rusa y el movimiento internacional Dadá.

Aunque la exposición se abre con algunos videos que nos introducen en la atmósfera de la muestra como pueden ser la recreación de 1981 de la ópera del absurdo Victoria sobre el sol (1913),  Revolución interplanetaria (1924) y El rayo de la muerte (1929), el recorrido comienza con la sección titulada Protodadá y la I Guerra Mundial, un período que asocia el vanguardismo ruso con el futurismo italiano aunque ni rusos ni italianos estuvieran muy conformes con esta asociación, si bien encontramos obras abstractas alógicas que se desarrollaron a partir de la concepción del ready-made  o del collage, muy visible en la citada ópera Victoria sobre el sol, en la que participó Malévich como diseñador.

En esa misma atmósfera teórica participaron, junto al creador del suprematismo, artistas como Klium, Larionov. Morgunov, Puni, Rózanova, Tatlin o los Zdanévich, que participaron en exposiciones antiacadémicas con propuestas de arte no objetivo, cuadros con ensamblajes, relieves con objetos encontrados e instalaciones. Una obra de gran importancia para la composición moderna quizá fue Cuatro cuadrados, realizada por Malévich en 1915; y  Dibujo con línea y compás  de Ródchenko, de ese mismo año, ambos con tramas en blanco y negro que aspiraban a ser un concepto.

Muchos de estos artistas rusos como el propio Malévich, Mayakovski, Kruchónij y Olga Rózanova fueron muy combativos durante la Gran  Guerra e hizo que promovieran campañas usando carteles y collages para denunciar el militarismo y la brutalidad alemana  como se desprende en esa serie de cuatro litografías de Malévich y Mayakovski, plenas de ironía y color, que se exhiben al final de esta parte.

En el triunfo de la Revolución podemos observar la involucración  que pusieron muchos creadores en propagar y agitar la ideología triunfante y la crítica con humor de las clases derrocadas por el nuevo poder. Una obra impactante es la película de Yevreinov, El asalto al Palacio de Invierno, 1920, o la portada del álbum conmemorativo del levantamiento Octubre 1917/1918, titulado Los héroes y víctimas de la revolución, con texto de Mayakovski e ilustraciones de Koslinki, Makletsov y Puni. Fue un momento histórico, en el que se alternó entre la razón y la anti razóno, el diseño racional y los collages aleatorios, el teatro del absurdo y el político, la parodia y la propaganda, con el objetivo de construir un mundo nuevo, muy visible en los fotomontajes de El Lisitzki, Ródchenko o Klutsis,

El cine y el teatro tuvieron una gran importancia como demuestra la película de Serguéi Eisenstein, El diario de Glúmov, dirigida en 1923, que quiso parodiar una película de detectives  estadounidense, así como las escenografías y diseños de vestuario de Stepánova en La muerte de Tarelkin, mientras que la muerte de Lenin está representada, entre otras obras, por Insurrección, pieza de Kliment Redkó.

Por último, Dada Bridge, centrado en esos puentes que superaron los movimientos artísticos del este y oeste, y el dadaísmo terminaron cristalizando para dar lugar a un proyecto común que superaba las fronteras.  Creadores como Iliá Ehrenburg viajaron a Europa e incluso residieron una temporada en otros países, y así Goncharova, El Lisitzki, Lariónov, Puni o Sharshum fueron alineándose con diferentes facciones del dadaísmo.

Mayakovski fue uno de los creadores que mejor supo vertebrar el entorno ruso con el europeo y así en 1922 se marchó a Berlín para coincidir con la Primera Exposición de Arte Ruso en la capital alemana. Sus carteles, realizados entre 1919 y 1921 para la Agencia Telegrafica Rusa fueron muy populares, así como sus veladas poéticas y la publicación de sus libros. Por su lado, El Lisitzki empezó a reproducir mecánicamente sus Prouns, acrónimo de proyecto para la afirmación de lo nuevo.

Junto a esos trabajos cabe mencionar las obras de otros creadores europeos como Kurt Schwitters, de quien se muestran algunas litografías, o Tristán Tzara, representado en una de las salas en un lienzo de Robert Delaunay; una obra de Grosz, y de Man Ray, entre otros. Sin olvidar El Monumento a la Tercera Internacional de Tatlin, que se convirtió en el paradigma del antiarte para los dadaístas y las publicaciones que, gracias a los viajes europeos de Mayakovski y del crítico Ósip Brik, circularon en Rusia. Julián H. Miranda

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