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Alex Katz. January 3, 1993. Oil on linen. 78 1/2 x 165 inches. Photography by Todd White.

EL “AQUÍ Y EL AHORA” EN LOS PAISAJES DE ALEX KATZ

Una exposición en el Guggenheim Bilbao recoge 35 de sus obras, en las que se percibe su búsqueda por transmitir la apariencia de las cosas tal y como se perciben.

A Alex Katz le interesó siempre el paisaje, aunque tal vez sea más conocido por sus retratos. Sin embargo, los entendidos consideran el paisaje como “piedra angular” de su arte. La exposición que le dedica el Museo Guggenheim de Bilbao –AleKatzAquí y ahora– les da la razón. Se han seleccionado 35 de ellos, pintados en los últimos 25 años en los que, como dice, ha buscado capturar el “tiempo presente” o la simultaneidad de ver y percibir. Lo describe como un flash antes de que la imagen se enfoque; un deseo de “transmitir la apariencia de las cosas tal y como se sienten y perciben en el momento presente”

Se trata de obras de gran formato, donde toda la superficie del lienzo lo ocupan la imagen y el color. A la entrada de la sala se han colocado 16 bocetos. Merece la pena contemplarlos con especial atención, porque guardan el cuidado estudio y minucioso trabajo al que se entregaba Katz antes de iniciar una obra.

Alex Katz (Brooklyn, 1927) está considerado como un pintor de la vanguardia actual. Sin embargo, comenzó su carrera en los años 50 como pintor figurativo, cuando lo que se llevaba o mandaba era la abstracción. Sin renunciar a sus principios, fue capaz de adoptar la energía y lógica formal del Expresionismo Abstracto. Su pintura sufrió la influencia de Jackson Pollock. Se la puede describir como rápida, con un espacio pictórico de poca profundidad y líneas intensamente descriptivas, limpias y reduccionistas. Le gustan los colores planos y utiliza con gusto los azules, amarillentos, negros y toques de blanco.

Los trabajos que se exponen en el Guggenheim están entre los más conocidos. Pertenecen a series como Arroyo negro, El sueño de mi madre y Atardecer y Crepúsculo. En la primera se incluyen las pinturas que, en distintas escalas, hizo de un pequeño arroyo que pasaba cerca de su casa en Maine. Algunas recogen el reflejo del paisaje en la superficie del agua. La imagen queda invertida. El sueño de mi madre es un compendio del vocabulario formal y poético de Katz. El cuadro consta de cuatro vistas de la misma escena en momentos distintos del crepúsculo. Su composición se asemeja a la métrica de un poema o al ritmo de una pieza musical pintada con negros, azules y rosas. El negro, el rojo fuerte y el turquesa mandan en Atardecer y Crepúsculo. Composiciones en los que Katz se interesa de modo especial por la luz. Luces del atardecer y luz de la luna a través de las copas de unos pinos.

Además del verde y los grises, el artista pinta una hilera de abedules que ilumina con ligeros toques claros para el óleo sobre lino 10,30. El blanco esplendoroso lo utiliza para otro óleo sobre lino: Rosas blancas. Su amor por el retrato y el paisaje quedan patentes en 3 de enero. En el centro del gran lienzo, de casi 2 metros, el retrato de su mujer Ada; a los lados, el paisaje del City Hall Park de Lower Manhattan al fondo.

Abierta hasta el 7 de febrero de 2016. María Pura Ramos.

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