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Disonancias de Alicia Martín en el Museo del Romanticismo

Fotografía, escultura y vídeo confluyen en una misma sala para crear notas discordantes entre diferentes ideas, creencias y emociones del siglo XIX que hoy, con nuestra perspectiva actual, puede que nos chirríen. La propuesta de la artista madrileña, concebida específicamente para este museo, pretende así contextualizar la colección permanente.   


En términos musicales, la ‘disonancia’ se refiere a un sonido desagradable, un acorde formado por tres notas que rompen la armonía tradicional, y cuya representación más paradigmática la encontramos en el primer acorde de Tristán e Isolda (1865) de Wagner.

Con esa idea en mente, Alicia Martín ha desarrollado un proyecto inédito en el Museo del Romanticismo, que un año más se suma al programa de PHotoESPAÑA y presenta el trabajo multidisciplinar de la artista madrileña. Si en la ópera de Wagner son tres acordes los que rompen con la consonancia de la melodía, en el caso de la exposición Disonancia existen también tres ejes en torno a los cuales giran las tensiones representadas en la muestra.

La primera nota discordante se sitúa en el centro mismo de la sala, donde el eje vertical formado por la lámpara de araña que cuelga del techo y una mesa velador situada excesivamente alta rompen por completo la visión del espacio. Además, la peana donde se exhibe esta pieza, procedente de los fondos propios del museo, deja el pie de la mesa a la altura de los ojos del espectador, que descubre entonces cómo se trata de un hombre negro haciendo el pino y con una mueca grotesca.

Dicho conjunto se titula La maldición de Cam y resulta fácil imaginar que hace alusión al sistema colonial, así como a la explotación del otro para conseguir riquezas. Una práctica habitual en el siglo XIX donde se contextualizan prácticamente todas las obras de los fondos del Romanticismo.

El segundo eje discordante tiene que ver con el  libro expuesto sobre un atril. Es el Manual de todas las asignaturas de la Facultad de Derecho de 1868, precisamente la misma fecha en que Isabel II tuvo que abandonar España tras La Gloriosa. El volumen tiene sus hojas erosionadas, como si se hubiese querido lijar el texto, un proceso que se ha registrado en el vídeo titulado Acorde de Tristán (tercer y último eje que vertebra la muestra, cerrando así la metáfora operística).

La artista a menudo utiliza el libro como seña de identidad, y en esta ocasión recurre a él como metáfora de los cambios políticos, ideológicos y culturales surgidos en la sociedad tras la Ilustración, cuando se dieron revoluciones como La Gloriosa o la Francesa. Además de sus piezas, completan la muestra varias reproducciones fotográficas del Museo Nacional de Antropología.

Alicia Martín, disonancia propone una relectura de las leyes que se aplicaban en aquel momento en contraposición con nuestra legislación actual. Podrá visitarse hasta el 10 de enero de 2021 y está comisariada por Oliva María Rubio.

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