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DIÁLOGO DE GOYA Y BUÑUEL EN EL LÁZARO GALDIANO DE MADRID


 

Ayer se abrió al público en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid la exposición Goya y Buñuel. Los sueños de la razón, organizada por el Gobierno de Aragón y la Fundación Ibercaja, que ha contado con la colaboración de la Fundación Goya en Aragón y el Centro Buñuel de Calanda. En la inauguración estuvo presente el presidente del Gobierno de Aragón, Javier Lambán, que escucho atentamente las explicaciones de las comisarios de la muestra, Amparo Martínez y José Ignacio Calvo, que pusieron de manifiesto el potencial creador de dos artistas universales, nacidos en Aragón, unidos por un espíritu crítico y por una sed de curiosidad que les llevó a explorar las infinitas posibilidades que les ofrecía el arte para poder cuestionar la realidad de sus propios contextos históricos, bien desde las artes plásticas o desde el cine. La muestra permanecerá abierta hasta el 4 de marzo y luego itinerará a ciudades de Estados Unidos y de Latinoamérica.

Aunque Francisco de Goya (Fuendetodos, Zaragoza, 1746- Burdeos, 1828) y Luis Buñuel (Calanda. Teruel, 1900-Ciudad de México, 1983) vivieron en períodos históricos muy diferentes, ambos eran hijos de la Ilustración y afrancesados, rasgos que les hicieron interesarse por la naturaleza humana y supieron concebir en sus disciplinas artísticas composiciones magistrales, caracterizadas por la innovación en sus territorios de expresión, no sólo mirando al interior de sus mentes sino también al contexto geográfico.

Por un lado, Goya vivió las postrimerías del Antiguo Régimen pero siendo un fino observador del mundo que le rodeaba. Ese proceso le hizo desarrollar posteriormente un agudo sentido crítico y una visión subjetiva del mundo, que le hizo conectar con los orígenes del pensamiento moderno. Luis Buñuel, por su lado, pudo forjar su personalidad  intelectual en un clima de mayor libertad y vitalismo como fueron las décadas de vanguardias históricas del siglo XX, que también le condujeron a un posicionamiento  crítico y muy singular. Esa mirada a su interior fue algo que les unió con más de un siglo de diferencia.

Goya y Buñuel. Los sueños de la razón reúne alfrededor de 80 piezas, entre pinturas y grabados de Goya, fotogramas y secuencias en pantalla de películas de Buñuel, documentos y libros que proceden de colecciones públicas y privadas: Zaragoza, Goya-Colección Ibercaja-Museo Camón Aznar, Prado, Reina Sofía, Lázaro Galdiano o Filmoteca Española entre otros. Además se ha editado un catálogo con la aportación de destacados especialistas que nos ayudan a comprender un poco mejor la dimensión de Goya y Buñuel.

Los comisarios han subrayado que ambos creadores confirmaron las extraordinarias posibilidades que esconde la imaginación humana ejercida en libertad, una premisa que caracteriza la exposición, porque a pesar de la distancia en el tiempo, Goya y Buñuel compartieron principios creativos y posiciones vitales comunes.

Goya supo primero observar la condición humana, luego la exploró y supo proyectarla desde una dimensión intemporal, gracias a imágenes verosímiles o de aparentes desvaríos fantásticos. No le interesan los sistemas abstractos de pensamiento o las ideologías que supuestamente harán al hombre más feliz, sino las personas en sí mismas, con toda su imperfecta naturaleza. Su obra en el fondo es un clamor por la dignidad humana. Cuestiona todo un sistema tradicional de valores, el del Antiguo Régimen, y aun el de la Ilustración que apreciaba al individuo pero subordinándolo a un orden preestablecido. Comprende que las cosas sólo pueden conocerse a través de la subjetividad, y aspira, en consecuencia, a presentar el mundo como él lo ve, no como se supone que objetivamente es.

Luis Buñuel fue educado en el período de entreguerras y al calor de las vanguardias, y encontró en el cine el medio con el que expresarse como artista, el soporte que le permitía asomarse al interior del individuo y explorar sus luces y sus sombras. Hizo de las películas poemas visuales en los que habló de las pulsiones del instinto y del deseo como fuerzas liberadoras capaces de poner en cuestión el orden establecido, político, eclesial o social. Gracias a su espíritu crítico, y poseedor de una fuerte ironía, huyó de la complacencia y eso contribuyó a que los espectadores de sus películas salieran de sus zonas de confort.

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