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Del membrillero a la Giralda: habla Antonio López


La primera “Conversación con arte” organizada por la Fundación Focus ha tenido lugar hoy en el Hospital de los Venerables de Sevilla con el protagonismo del pintor Antonio López. Junto con la directora de la Fundación, Anabel Morillo, y la artista y profesora de la Universidad de Sevilla, Mar García Ranedo, ha dialogado sobre el emblemático Membrillero perteneciente a los fondos de Focus, y nos adelanta sus futuros trabajos que abandonan la naturaleza por el urbanismo, en concreto de Sevilla y Bilbao.


Con motivo de la exposición Un panorama del arte actual en la Colección Focus, se ha organizado esta iniciativa cultural. Se trata de conversaciones que toman como punto de partida las colecciones de la fundación: Centro Velázquez, Arte contemporáneo, Biblioteca del Barroco, colección de estampas, etc. En ellas se establecen reflexiones y diálogos entre artistas, académicos, directores y conservadores de museos o críticos de arte, que sirvan para compartir experiencias y perspectivas sobre una obra o algún aspecto inédito de un creador, siempre en relación con dichas colecciones.

En este caso, la serie comienza con Antonio López, bien conocido como uno de los grandes maestros del realismo europeo, en torno a una obra emblemática, Membrillero, que forma parte de la exposición actual en Los Venerables. “El tema del bodegón en la naturaleza siempre me interesó, aunque muy ligado a la ciudad. Me gusta el paisaje urbano, la naturaleza transformada por la mano del hombre”, dijo.

El árbol frutal es un básico de la pintura del maestro, todo empezó en 1955 cuando pintó La parra. Este tipo de vegetación es el decorado de todos sus recuerdos de la infancia en Tomelloso. Ahora recuerda: “Los membrilleros en La Mancha estaban en el campo y en los patios descubiertos donde estaban los jardines manchegos. Los membrillos no tenían un carácter utilitario, pero daban sombra y adornaban”. Fue en 1990 cuando pintó su famoso Membrillero, sabemos mucho de su lucha incansable con la luz del día para ejecutar la obra gracias a la película dirigida por Víctor Erice, El sol del membrillo, que nos enseña la capacidad del artista para detener el tiempo en su pintura. Confiesa: “No pude terminar la pintura y preferí empezar el dibujo por el contorno de las formas. En el lienzo no tenía el control que tienes en un estudio. Cuando trabajas en un árbol o en una flor el límite te lo marca la luz y el propio tema. Membrillero expresa sentimientos básicos de mi pintura y mi verdad”.

En torno a esta captación rápida de la fugacidad de la realidad que encierra la gran obra se aprecia una disolución del realismo que desemboca casi en abstracción logrando así la plenitud deseada en la composición.

La última exposición del admirador de Velázquez en la Fundación Focus fue en 1994, comisariada por su hija María. Esta muestra también hablaba del proceso de trabajo y los inacabados o abandonados, así como bocetos y apuntes preparatorios. Fue tras la clausura de este proyecto cuando la Fundación se hizo con el Membrillero.

Actualmente, Antonio López está trabajando en paisajes urbanos que se alejan de Madrid y Tomelloso para pintar ciudades como Sevilla y Bilbao o el paisaje de Cabo de Gata. Son escenarios nuevos que en el caso de la capital hispalense- ciudad que admira por su belleza, por Velázquez y muchos artistas más contemporáneos- le han hecho empezar dos cuadros de gran formato y en dos escalas: uno en escala grande y otro en escala más pequeña que recogerá casi la mitad de Sevilla.

“Yo quería incluir toda Sevilla, al ser un viajero ocasional. Quería pintar el río, la Giralda, la Torre del Oro. Todos esos elementos de lo que para mí constituye la esencia de una ciudad a la que admiro muchísimo, tanto por algunas personas que la habitaron como Velázquez o la Niña de los peines y otros más actuales. Eso unido a la belleza de la ciudad. Para mí la vista de Sevilla tiene que tener sol, el río Guadalquivir, y todo lo que atrae la mirada del viajero. Para eso necesitaba tener un lugar concreto y entonces el profesor Benito Navarrete me habló de un lugar en el Pabellón de la Navegación. A partir de ahí empecé dos cuadros: uno en una escala grande y otro en escala más pequeña en la que mirando al sur cabe la mitad de Sevilla, tomando como eje el río. El río como la ría de Bilbao tienen que estar en esa vista de la ciudad. Me gusta pintar en verano porque Sevilla en esa estación es España pero también es un poco África. Es una ciudad que tiene aspectos maravillosos para pintarlos.”

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