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Caravaggio y la recuperación de la escuela caravaggista

Los Museos Capitolinos rinden homenaje al profesor Roberto Longhi con una exposición en torno al pintor milanés –figura fundamental de sus investigaciones– y de su tiempo. El recorrido por las salas del Palazzo Caffarelli ofrece casi medio centenar de obras procedentes de los fondos de la fundación del historiador, que desapareció hace justo 50 años, tras recuperar la figura de un  ‘poco conocido’ Michelangelo Merisi.


La exposición se ha hecho esperar, pero por fin ha abierto sus puertas. El azar ha querido que fuese en junio, precisamente el mes en el que se cumplen cinco décadas de la muerte de uno de los mejores historiadores italianos del siglo pasado. Roberto Longhi (1890-1970) ha sido uno de los grandes estudiosos de Caravaggio, figura esencial del barroco italiano; prácticamente fue su descubridor moderno, tanto del autor milanés como de toda una generación de pintores caravaggistas como Ribera, Mattia Preti u Orazio Borgianni.

Hoy nadie discute la autoridad pictórica de Caravaggio en el mundo del arte, pero cuando Longhi presentó su tesis en 1911 Michelangelo Merisi era uno de los “pintores menos conocidos del arte italiano”. Las investigaciones del profesor consiguieron devolver al artista el poder que ostentó durante los últimos años del Cinquecento, especialmente en Roma y Nápoles.

La estela de sus descubrimientos ha permitido a historiadores posteriores continuar con el estudio de este pendenciero pintor, maestro de maestros, que creó escuela. Es el caso de Gianni Papi, quien partió de las tesis de Longhi para terminar descubriendo que el misterioso Maestro del Juicio de Salomón al que se refería el profesor era en realidad un jovencísimo Ribera llegado de Xátiva a Roma para aprender las formas y estilos de Caravaggio (al que terminó superando).

Las monografías, artículos y reatribuciones de Roberto Longhi fueron casi tan vastas como su colección, cuyas piezas legó a la fundación que lleva su nombre (tras morir el 3 de junio de 1970). Medio siglo después, los Museos Capitolinos quieren recordar al descubridor moderno de Caravaggio con una muestra formada exclusivamente por obras pertenecientes a la Fondazione di Studi dell’Arte Roberto Longhi de Florencia.

Se trata de pinturas cargadas de historia para su dueño, que bien pudieron recordarle un descubrimiento, un ajuste en la datación o tal vez una retirada de autoría, como ese Niño pelando una fruta que no era más que una copia antigua de Caravaggio, pero que Longhi atesoró como verdadera “reliquia”.

El tiempo de Caravaggio. Obras maestras de la colección de Roberto Longhi presenta esta pieza fallida, así como algunas de las pinturas más célebres del maestro, por ejemplo Muchacho mordido por una lagartija (hacia 1596-1597), pintada por el Merisi al inicio de su llegada a Roma. La pintura se exhibe en la primera estancia, junto a un carboncillo hecho por el propio historiador –firmado y fechado en 1930– en el que dibuja con precisión la figura y el gesto dolorido del personaje.

Pero esa no es la única tela que acapara la atención del visitante. Los cinco apóstoles del joven Ribera y la Deposición de Cristo de Battistello Caracciolo son otras excelentes opciones donde perderse con la mirada. En total, se han reunido 41 pinturas en las salas del Palazzo Caffarelli y todas ellas rememoran la revolución figurativa que se desarrolló en Roma durante los años finales del siglo XVI y principios del XVII.

Maria Cristina Bandera, directora científica de la Fondazione di Studi di Storia dell’Arte Roberto Longhi,  ha sido la encargada de llevar a cabo la selección de obras expuestas, entre las que destacan La alegoría de la Vanidad de Angelo Caroselli, Coronación de espinas de Pier Francesco Mazzucchelli, llamado Morazzone, Magdalena penitente de Domenico Fetti o Ángel anunciador de Guglielmo Caccia llamado Il Moncalvo. Completan el recorrido varios lienzos de Carlo Saraceni y La negación de Pedro de Valentin de Boulogne, recientemente expuesta en el Metropolitan de Nueva York y el Louvre de París.  

Junto a los italianos, aparece también una nómina de artistas flamencos y holandeses como Gerrit van Honthorst, Dirck van Baburen y Matthias Stom, que también acudieron a Roma, ávidos por aprender ese nuevo estilo de formas barrocas, diagonales imposibles y claroscuros dramáticos que había rebasado fronteras.

El recorrido termina con dos obras maestras de Mattia Preti, el artista que mejor contribuyó a mantener la vitalidad de la tradición caravaggesca hasta finales del siglo XVII. Y es que, como escribió el propio Longhi, “dopo il Caravaggio, i caravaggeschi” [Después de Caravaggio, los caravaggistas]. Pues sería imposible entender la importancia del maestro y su legado pictórico sin prestar atención además a sus discípulos, seguidores e incluso copistas.

El tiempo de Caravaggio ofrece una interesante selección de obras que sirven para ilustrar una época artística, al tiempo que recuerdan otra etapa, esta vez investigadora: la de Roberto Longhi y su recuperación del caravaggismo. Quién sabe si  esta muestra servirá también para incitar a algún joven historiador a investigar sobre la identidad del Maestro del Emmaus de Pau y el Maestro del Anuncio a los pastores, cuyas obras pueden verse en los Museos Capitolinos de Roma hasta el 13 de septiembre. Sol G. Moreno

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